Reflexion 28 de Junio: El hecho es que somos violentos

Todos vemos la importancia de que la violencia llegue a su fin. Y ¿de qué modo puedo yo, como individuo, estar libre de la violencia, no sólo superficialmente, sino internamente y de manera total, completa? Si el ideal de no-violencia no liberará de la violencia a la mente, ¿ayudará, entonces, a disolver la violencia el hecho de que analicemos su causa?
Después de todo, éste es uno de nuestros principales problemas, ¿no es así? Todo el mundo se halla atrapado en la violencia, en las guerras; la estructura misma de nuestra sociedad adquisitiva es esencialmente violenta. Y si usted y yo como individuos hemos de estar libres de la violencia -totalmente libres, en lo interno, no sólo superficial o verbalmente-, entonces, ¿cómo procede uno al respecto sin volverse egocéntrico?
Comprende el problema, ¿no es así? Si me intereso en liberar de la violencia a la mente y practico una disciplina con el fin de controlar la violencia y cambiarla en no-violencia, es obvio que eso origina un pensar y una actividad
que se centran en el ego, porque mi mente está concentrada todo el tiempo en desembarazarse de una cosa y adquirir otra. No obstante, veo la importancia de que la mente esté por completo libre de violencia. Entonces, ¿qué he de hacer? No es cuestión de cómo hace uno para no ser violento. El hecho es que somos violentos, y preguntar: «¿Cómo hago para no ser violento?», lo único que consigue es crear el ideal, que a mí me parece algo completamente inútil. Pero si uno es capaz de mirar la violencia y comprenderla, entonces quizás haya una posibilidad de resolverla totalmente.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

Reflexión 27 de Junio: La principal causa de violencia

La principal causa de violencia, a mí entender, es que cada uno de nosotros, internamente, psicológicamente, busca la seguridad. En cada uno de nosotros el impulso por la seguridad psicológica -esa sensación interna de estar a salvo- se proyecta en la exigencia de seguridad externa. Internamente, cada uno de nosotros quiere estar seguro, tener certidumbre acerca de todo. Por eso tenemos todas estas leyes matrimoniales, a fin de que podamos poseer a una mujer, o a un hombre y, de ese modo, poder sentirnos seguros en nuestra relación. Si esa relación es atacada, nos volvemos violentos; tal violencia tiene origen en la exigencia psicológica, interna, de sentirnos seguros en nuestras relaciones con todo. Pero en ninguna relación hay tal cosa como la certidumbre, la seguridad. Internamente, psicológicamente, nos gustaría estar seguros, pero la seguridad permanente no existe […].
Todas éstas son, pues, causas que contribuyen a la violencia tan generalizada e inmanejable en todo el mundo. Pienso que todo aquel que haya observado, aunque sea un poco, lo que está sucediendo en el mundo, y especialmente en este infortunado país [India], también puede, sin un gran estudio intelectual, observar y descubrir en sí mismo esas cosas que, proyectadas exteriormente, son las causas de esta brutalidad extraordinaria, de esta insensibilidad, de esta indiferencia y violencia que nos rodean.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

Reflexión 26 de Junio: Liberarse de la violencia

¿Pueden, entonces, ver el hecho de la violencia -ver el hecho no sólo externo, sino también el que tiene lugar dentro de ustedes- y que no haya intervalo temporal alguno entre el ver y el actuar? Esto quiere decir que en el acto mismo de ver están libres de la violencia. Están totalmente libres de la violencia porque no han admitido el tiempo, una ideología mediante la cual esperan poder desembarazarse de la violencia. Esto requiere meditación profunda, no tan sólo un acuerdo verbal. Jamás escuchamos nada; nuestras mentes, nuestras células cerebrales están de tal modo condicionadas a una ideología acerca de la violencia, que jamás miramos el hecho de la violencia. Miramos el hecho a través de una ideología, y el mirarlo a través de una ideología crea un intervalo de tiempo. Y cuando admitimos el tiempo, no hay un final para la violencia; seguimos exhibiendo violencia y predicando no-violencia.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

Reflexión 25 de Junio: Dense cuenta de que son violentos

El animal es violento. Los seres humanos, que son el resultado del animal, también son violentos; forma parte de su naturaleza el ser violentos, irascibles, celosos, envidiosos, buscar el poder, la posición, el prestigio y demás, dominar, agredir. El hombre es violento -esto se ha demostrado en miles de guerras- y ha desarrollado una ideología que él califica de «no-violencia» […]. Y cuando hay violencia de hecho, como una guerra entre este país y el país vecino, todos quedan implicados en ella. Les gusta. Ahora bien, cuando son de hecho violentos y alimentan un ideal de no-violencia, tienen un conflicto. Están siempre tratando de volverse no violentos, lo cual forma parte del conflicto. Se disciplinan con el fin de no ser violentos y eso implica, nuevamente, conflicto, fricción. De modo que,
cuando son violentos y tienen el ideal de no-violencia, son esencialmente violentos. Lo primero que deben hacer es darse cuenta de que son violentos, no tratar de volverse no violentos. Vean la violencia tal como es, no traten de interpretarla a su modo, no la disciplinen, no intenten vencerla ni reprimirla; véanla como si estuvieran viéndola por primera vez. Eso implica mirarla sin que intervenga ningún pensamiento. Ya he explicado qué entendemos por mirar con inocencia un árbol: es mirarlo sin la imagen. De igual modo, ustedes tienen que mirar la violencia sin la imagen contenida en la palabra misma. Mirarla sin ningún movimiento del pensar es mirarla como si la estuvieran viendo por primera vez, es decir, mirándola con inocencia.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

Reflexión 24 de Junio: La causa central del conflicto

No piensen ustedes que mediante el mero desear la paz tendrán paz, cuando en su vida de relación son agresivos, codiciosos, y buscan la seguridad aquí o en el más allá. Tienen que comprender la causa central del conflicto y del dolor, y entonces disolverla, no esperar a que la paz les llegue desde afuera. Pero ya lo ven, casi todos somos indolentes. Somos demasiado perezosos para encargarnos de nosotros mismos y comprendernos a nosotros mismos; siendo perezosos, lo cual es, en realidad, una forma de presunción, pensamos que otras personas resolverán este problema por nosotros y nos darán la paz, o que debemos destruir a las aparentemente pocas personas que causan las guerras. Cuando el individuo está en conflicto dentro de sí mismo, inevitablemente debe crear conflicto afuera; sólo él puede originar paz en sí mismo y, por consiguiente, en el mundo, porque él es el mundo.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

Reflexión 23 de Junio: ¿Es posible terminar con la violencia?

Cuando ustedes hablan de la violencia, ¿qué entienden por esa palabra? Es realmente muy interesante, si lo examinan a fondo, preguntarse si un ser humano viviendo en este mundo, puede cesar totalmente de ser violento. Las sociedades, las comunidades religiosas, han tratado de no matar animales. Algunas han llegado a decir: «Si ustedes no quieren matar animales, ¿qué hay, entonces, con los vegetales?» Uno puede llevar esto a tal extremo que dejaría de existir. ¿Dónde traza el límite? ¿Hay una línea arbitraria, trazada conforme a nuestro ideal, a nuestra fantasía, a nuestra norma, a nuestro temperamento, a nuestro condicionamiento, como para poder decir: «Llegaré hasta aquí pero no más allá»? ¿Hay, acaso, diferencia entre la ira individual con su acción violenta por parte del individuo, y el odio organizado de una sociedad que engendra, y forma un ejército para destruir a otra sociedad? ¿Dónde, en qué nivel, y qué fragmento de la violencia están ustedes discutiendo? ¿O quieren discutir si el hombre puede estar libre de la violencia en su totalidad, no de un fragmento en particular al que llamamos violencia?…
Sabemos qué es la violencia cuando no se expresa en palabras, en frases, en actos. Como ser humano en quien el animal es todavía muy fuerte, a pesar de los siglos de la así llamada civilización, ¿por dónde he de comenzar? ¿Comenzaré por la periferia, que es la sociedad, o por el centro, que soy yo mismo? Usted me dice que no sea violento, porque eso es algo terrible. Me explica todas las razones, y yo veo que la violencia es una cosa terrible en los seres humanos, tanto la violencia externa como la interna. Y me pregunto: ¿Es posible poner fin a esta violencia?

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

Reflexion 22 de Junio: La disciplina enseña a los niños a tratarse a sí mismos y a los demás con severidad

Probablemente a sus padres les dijeron que usted debería comportarse con los modales y las virtudes de un adulto, pero probablemente también les aconsejaron que reforzaran esas expectativas, poco realistas, con distintas medidas disciplinarias. Esos castigos iban desde frases de desaprobación, a la imposición de momentos sin jugar, pasando por momentos de no-intervención y dejar que las consecuencias «naturales» ocurrieran, hasta gritarle «¡no!» o darle un cachete o pegarle. La ironía es que la peor manera de enseñar a un niño altruismo, normas de seguridad y respeto por los demás es castigarlo por no mostrar ese mismo comportamiento. Debido a que los niños tienen una mente que no
comprende que los vasos se rompen, que los fuegos de la cocina queman y que tirar de la cola al gato puede dolerle, no pueden comprender la desaprobación o los castigos de sus padres. Niños más mayores a menudo son castigados por un comportamiento que es, en realidad, normal y apropiado para su edad: decir ocasionalmente mentiras, enfadarse cuando no consiguen lo que quieren, dejar las tareas sin hacer, dejarse comida en el plato o ser un mal perdedor.
Aunque los niños perciban la disciplina como algo desagradable, debido a que adoran a sus padres, también sienten que se lo merecen. Al crecer, los niños creen que están haciendo algo bueno cuando, al igual que sus padres, se provocan infelicidad al desaprobarse y al castigarse a ellos mismos por hacer algo «mal».
Si sus padres recurrieron a la disciplina, era porque querían enseñarle a estar a salvo, a que tuviera cuidado con las cosas de los demás, a ser educado, a ser responsable y a ser amable con los demás. Sin darse cuenta, lo que usted aprendió realmente fue que la fuerza es la razón, que la agresión es una manera efectiva de resolver las diferencias en una relación y que es bueno sentirse negativo sobre usted mismo y sobre aquellos que no hacen lo que usted quiere. Quizá estas mismas lecciones se convirtieron en obsesiones tiempo después.

(Martha Heineman y William J. Pieper de su Libro Adictos a la Infelicidad).