Dia 138: Volveos Poetas

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Un poeta llega a conocer ciertas cosas que son reveladas solo en una relación poética con la realidad.

El poeta es tonto en todo cuanto se refiera a la inteligencia mundana. Jamás destacará en el mundo de la riqueza y el poder. Pero en su pobreza conoce un tipo distinto de riqueza en la vida que nadie más conoce.
Para un poeta el amor es posible, para un poeta Dios es posible. Solo aquel que es lo bastante inocente como para disfrutar de las pequeñas cosas de la vida puede entender que Dios existe, porque él existe en las pequeñas cosas de la vida: existe en la comida que ingerís, en el paseo que dais por la mañana. Existe en el amor que sentís por vuestro ser amado, en la amistad que tenéis con alguien. Existe en cosas tan pequeñas. No existe en las iglesias; las
iglesias no forman parte de la poesía, sino de la política.

Volveos más y más poéticos. Se requieren agallas para ser poético; se necesita ser lo bastante valeroso como para dejar que el mundo os llame tontos, pero solo entonces se puede ser poético. Y al serlo no me refiero a que tengáis que escribir poesía. Escribir poesía no forma demasiada parte de la poesía; solo es una parte pequeña y en absoluto esencial. Uno puede ser un poeta y no escribir jamás una sola línea de poesía, al tiempo que se pueden escribir miles de poemas y no ser un poeta.
Un poeta es un estilo de vida. Es amor por la vida, reverencia por la vida, es una relación de corazón a corazón con la vida.

(DÍA A DÍA, 365 meditaciones para el aquí y el ahora de Osho).

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Besar el Alma…

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El Alma no crece en los árboles, sin embargo se nutre de nuestro entorno, como el cuerpo de la comida.
El Alma necesita ser alimentada con visiones hermosas, palabras que llenen…o por quien sabe besar el Alma.
Besar el Alma es saber tener paciencia, compresión, y nunca juzgar a nadie, simplemente aceptar las personas como son.
Besar el Alma es abrazarse cuando hay soledad, cuando se está triste…sin decir nada, solo sostenerse, con ese abrazo de apoyo.
Besar el Alma, es sentarse juntos cuando no hay necesidad de hablar, cuando solo hace falta el silencio, al no hacer preguntas.
Besar el Alma, es sentir otras manos que dan apoyo fortaleciendo esa esperanza de vida y de compañía.
Besar el Alma, es decir un te quiero con la mirada.
Besar el Alma es fácil, solo basta que decidamos bajar del pedestal del orgullo que muchas veces nos rodea y nos consume.
Besar el Alma…¿Nosotros necesitamos de ese beso en el alma que nunca llega?

¡SIEMPRE ESTARÉ AQUÍ PARA BESAR TU ALMA!

(Mario Benedetti).

El circulo de la Generosidad…

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“Cierto día un campesino tocó a la puerta de un convento. Cuando el portero abrió, aquel le extendió un magnífico racimo de uvas.
‘Querido hermano portero, estas son las más bonitas producidas por mi viñedo. Y vengo aquí para regalarlas’.
‘¡Gracias! Las llevaré inmediatamente al abad, que se alegrará con este ofrecimiento’.
‘¡No! Yo las he traído para ti’.
‘¿Para mí?’.
El hermano se sonrojó porque consideraba que no merecía tan bello presente de la naturaleza.
‘¡Sí! insistió el campesino , porque siempre que golpeé esta puerta tú me abriste. Cuando necesité ayuda por haber perdido mi cosecha, tú me dabas todos los días un pedazo de pan y un vaso de vino’.

El hermano portero colocó el racimo frente a él y pasó la mañana entera admirándolo: era realmente precioso y por eso resolvió entregar el regalo al abad, que siempre lo había estimulado con palabras de sabiduría. El abad se puso muy contento con las uvas, pero se acordó de que había en el convento un hermano enfermo y pensó: ‘Le daré el racimo. Quizá aporte alguna alegría a su vida’.

Y así lo hizo. Pero las uvas no permanecieron mucho tiempo en la habitación del hermano enfermo, porque este reflexionó: ‘El hermano cocinero ha cuidado de mí durante tanto tiempo, alimentándome con lo mejor que tenía. Estoy seguro de que se alegrará con esto’.
Cuando el hermano cocinero trajo la comida a la hora del almuerzo, le entregó las uvas.
‘Son para ti dijo el hermano enfermo. Como siempre estás en contacto con los productos que la naturaleza nos ofrece, sabrás qué hacer con esta obra de Dios’.
El hermano cocinero quedó deslumbrado con la belleza del racimo. Tan perfectas pensó él que nadie mejor que el hermano sacristán para apreciarlas; como él era el responsable de la custodia del Santísimo Sacramento, y lo consideraban un hombre santo.
El sacristán, a su vez, obsequió las uvas al novicio, para que pudiera entender que la obra de Dios está en los menores detalles de la creación. Cuando el novicio las recibió, su corazón se inundó de la gloria del Señor, porque nunca había visto un racimo tan lindo. En ese momento se acordó de la persona que le había abierto la puerta: había sido ese gesto el que le había permitido estar hoy en aquella comunidad de personas que sabían valorar los milagros.

Así, poco antes de caer la noche, llevó el racimo de uvas al hermano portero.
‘Come y aprovecha le dijo , porque pasas la mayor parte del tiempo aquí solo y estas uvas te harán muy feliz’.

El hermano portero comprendió finalmente que aquel presente le había sido realmente destinado, saboreó cada una de las uvas de aquel racimo y durmió feliz”.

De esta manera, quedó cerrado el círculo: el círculo de felicidad y alegría que siempre se extiende en torno a las personas generosas.

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Ser fuerte como el bambú

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No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante. También es obvio que quien cultiva la tierra no se para impaciente frente a la semilla sembrada y grita con todas sus fuerzas: Crece, maldita seas!

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes: Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto, que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.

Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece ¡más de 30 metros! ¿Tardó sólo seis semanas en crecer?

No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse. Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.

Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que este requiere tiempo. Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados en corto plazo, abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta.

Es tarea difícil convencer al impaciente que solo llegan al éxito aquellos que luchan en forma perseverante y saben esperar el momento adecuado. De igual manera es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo. Y esto puede ser extremadamente frustrante.

En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés, y aceptar que -en tanto no bajemos los brazos -, ni abandonemos por no “ver” el resultado que esperamos-, sí está sucediendo algo dentro nuestro: estamos creciendo, madurando. Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice.

El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación. Un proceso que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros. Un proceso que exige cambios, acción y formidables dotes de paciencia. Tiempo…

Cómo nos cuestan las esperas, qué poco ejercitamos la paciencia en este mundo agitado en el que vivimos… Apuramos a nuestros hijos en su crecimiento, apuramos al chofer del taxi… nosotros mismos hacemos las cosas apurados, no se sabe bien por qué… Perdemos la fe cuando los resultados no se dan en el plazo que esperábamos, abandonamos nuestros sueños, nos generamos patologías que provienen de la ansiedad, del estrés…

¿Para qué?

Te propongo tratar de recuperar la perseverancia, la espera, la aceptación. Si no consigues lo que anhelas, no desesperes… quizá solo estés echando raíces…

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Resentimiento: El Cáncer del Alma

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El resentimiento es como tomar veneno, esperando que el otro salga dañado (Carrie Fisher). Esto es interesante, porque es la forma en que sin darnos cuenta que nos dañamos a nosotros mismos cargando este sentimiento negativo a veces por largos años, mantenemos la fantasía del daño al que nos ofendió; esto, al no poderlo dejar ir, terminamos envenenándonos la existencia a nosotros mismos.

Te cuento un cuento…

Un día iban caminando dos monjes por el bosque, un maestro y su discípulo, estos eran los clásicos monjes zen, el maestro caminaba tranquilo y el alumno, como siempre, estaba pendiente de las enseñanzas de su maestro, porque para el eran muy valiosas y como todos sabemos, estos monjes no dan enseñanzas en una forma tradicional, sino por medio de acertijos o preguntas que el alumno tiene que descifrar.
Este día, ambos iban en silencio, cuando al llegar al río encontraron una viejecita esperando a cruzar, pero debido a su edad era algo muy difícil para ella sola.
Los monjes hacían votos de castidad, por lo que tenían prohibido tocar a las mujeres. La viejecita les pidió que si podrían cruzarla del otro lado del río y el alumno pensó que eso era imposible, dado que no podían tocarla, pero se quedo callado dejando la respuesta en boca del maestro.
Para su asombro el maestro la tomo en brazos y la cargo al otro lado del río. El alumno sorprendido, en shock no sabia qué pensar de esto que había visto. “El maestro es falso” se decía…”tanto que esperaba yo de el y ahora me doy cuenta de que todo es una mentira”, etc. El alumno se sentía defraudado y hasta cierto punto resentido con su maestro por el engaño del que se había convencido; el que pensaba que su maestro era un sabio y ahora esto.
Como sus expectativas del maestro eran tan grandes, ahora se sentía defraudado, descorazonado, deprimido, no sabía que hacer ni como reaccionar; si salirse del monasterio, si decirles a todos que el maestro era un mentiroso, un fraude, etc.
Así pasaron días y el alumno seguía tratando de entender y de tomar una decisión al respecto y fue entonces que decidió que iría a decirle al maestro todo lo que se merecía, puesto que ya estaba bastante indignado y ofendido por la situación que había acontecido.
Llega este alumno con el maestro y lo encuentra en paz, meditando y le dice: “perdón maestro, pero no puedo esperar mas, tengo que hablar con usted ahora”, a lo que el maestro, tranquilo y con una mirada pacifica solamente le indica que se siente junto a el y se dispone a escucharlo.
El alumno le dice que esta tan confundido porque desde la ocasión del río, el ha pensado tanto en el asunto, ha tratado de entender el por que de su conducta, como fue que se atrevió a romper las reglas del monasterio, que si esta desilusionado, etc., etc.
El tono del alumno era muy desesperado, se veía su confusión y también que este suceso lo había sacado de quicio. El maestro lo escucho atentamente y cuando hubo terminado de exponer el asunto simplemente le dijo: “cierto, yo pasé a esa viejecita al otro lado del río, pero tu todavía la sigues cargando”.

Las expectativas en otra persona, si estas no se satisfacen, nos llevan a la desilusión, a la ira y al resentimiento; damos vueltas y vueltas al daño que recibimos, real o imaginario, y esto nos daña en corto y a la larga, es como si un cáncer emocional surgiera dentro de nosotros.

El remedio es el amor…pero, ¿¿¿cómo amar al que te hizo daño???; pues no me refiero a ese amor, sino al amor a mi misma. Si me amo no me permitiré dañarme aun mas de lo que esa otra persona lo hizo ya. Me cuido, lo dejo ir, sano mis emociones y mi alma y no me permito enfermarme por algo que esta en el pasado. Es importante aprender a ser amorosa conmigo misma. Si algo me daña, dejarlo ir.

Una vez, una colega me dijo, “tal vez esa persona no se merece que la perdones, pero tu si te lo mereces” , esa frase me pareció maravillosa y te la comparto para que reflexiones sobre ella.

Si en la lista de eventos de tu vida que has estado realizando en estas últimos días te has encontrado, además de patrones de conducta, resentimiento, rencor, dificultad para dejar ir una situación, recuerda la historia de los monjes y no sigas cargándolo más. Haz el propósito de dejarlo atrás de una vez por todas y asumir tu parte respecto a la expectativa que desarrollaste, tenga o no responsabilidad el otro; lo dejes atrás y te liberes de esta carga tan pesada y negativa para ti mismo. Tu alma sanará después de liberarte.

“La capacidad de percibir o pensar de manera diferente es más importante que el conocimiento adquirido”.

(David Bohm).
(Tomado de: http://www.ventanasalalma.com.ar/)

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Conduciendo nuestras vidas…

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Su vida es importante, usted ocupa un lugar en el orden universal, usted se encuentra aquí, y ahora, cumpliendo una misión fundamental para quienes giran a su alrededor; todo lo que usted hace o dice, deja de hacer o de decir, influye o afecta positiva o negativamente en alguna otra persona. Usted tiene una gran responsabilidad en el orden del universo. Nada es intrascendente, nada es en vano. Piénselo.
Cada persona que conoce y con quien se relaciona, trae consigo una lección importante para usted, algo que vale la pena aprender o algo que deberíamos evitar. No somos jueces, ni fiscales, ni supervisores de la vida de los demás, aprendamos discretamente la lección que cada ser humano representa, aprovechemos lo bueno de cada quien y procuremos evitar lo negativo, pero sin emitir juicios. Mejoraremos cada día un poco más.
Cultive hoy, de manera especial, su energía amorosa, sea amable, cordial, gentil, cariñoso, paciente y tolerante con las personas que le rodean; hoy, de manera especial, sea comprensivo con los demás, y ante todo hoy procure perdonar aquel detalle, aquella actitud, aquel evento que aún afecta su alma y perturba su paz interior. Perdone ya, de una vez, perdone y olvide
Usted es el conductor, el guía, el faro y la brújula de su vida; usted es el presidente ejecutivo de esa importante empresa que es su vida; usted es además el motor y la hélice para el desarrollo, avance y crecimiento de su vida. Hágase responsable de lo que dice o deja de decir, actúe con responsabilidad en lo que hace o deja de hacer. Su vida sólo depende de usted mismo y usted posee, en su interior, las capacidades suficientes para hacerla feliz y agradable, tanto como se lo proponga y desee serlo.

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Que tus pies caminen al paso de tu alma

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Un explorador blanco, ansioso por llegar
cuanto antes a su destino en el corazón de África,
ofreció una paga extra a sus porteadores
para que anduviesen más de prisa.
Durante varios días, los porteadores apuraron el paso.

Una tarde, sin embargo, se sentaron todos en el suelo
y dejaron la carga, negándose a continuar.
Por más dinero que les ofreciese,
los indígenas no se movían.
Finalmente, cuando el explorador
pidió una explicación para aquel comportamiento,
obtuvo la siguiente respuesta:
– Hemos andado demasiado de prisa,
y ya no sabemos ni dónde estamos
ni qué estamos haciendo.

Tenemos que esperar a que nuestras almas nos alcancen.

(Paulo Coelho).

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El hombre que perdonaba

Hace muchos años, vivía un hombre que era capaz de amar y perdonar a todos los que encontraba en su camino. Por esta razón, Dios envió a un ángel para que hablara con él.
-Dios me pidió que viniera a visitarte y que te dijera que Él quiere recompensarte por tu bondad- dijo el ángel.
Cualquier gracia que desees, te será concedida.
¿Te gustaría tener el don de curar?
-De ninguna manera -respondió el hombre- prefiero que el propio Dios elija a aquellos que deben ser curados.
-¿Y qué te parecería atraer a los pecadores hacia el camino de la verdad?
-Esa es una tarea para ángeles como tú.
Yo no quiero que nadie me venere ni tener que dar el ejemplo todo el tiempo.
-No puedo volver al cielo sin haberte concedido un milagro.
Si no eliges, te verás obligado a aceptar uno.
El hombre reflexionó un momento y terminó por responder:
-Entonces, deseo que el Bien se haga por mi intermedio, pero sin que nadie se dé cuenta- ni yo mismo, por que podría pecar de vanidoso.
Y el ángel hizo que la sombra del hombre tuviera el poder de curar, pero sólo cuando el sol estuviese dándole en el rostro.
De esta manera, por dondequiera que pasaba, los enfermos se curaban, la tierra volvía a ser fértil y las personas tristes recuperaban la alegría.
El hombre caminó muchos años por la Tierra sin darse cuenta de los milagros que realizaba porque cuando estaba de frente al sol, tenía a su sombra atrás.
De esta manera, pudo vivir y morir sin tener conciencia de su propia santidad.

(Paulo Coelho)

Aguanta un poco más…

Se cuenta que alguna una vez, en Inglaterra, existía una pareja que gustaba de visitar las pequeñas tiendas del centro de Londres. Una de sus tiendas favoritas era una en donde vendían vajillas antiguas.
En una de sus visitas a la tienda vieron una hermosa tacita. “¿Me permite ver esa taza?” pregunto la señora, “nunca he visto nada tan fino como eso!”

En cuanto tuvo en sus manos la taza, escuchó que la tacita comenzó a hablar. La tacita le comentó:
“¡Usted no entiende! ¡Yo no siempre he sido esta taza que usted esta sosteniendo!
Hace mucho tiempo yo sólo era un montón de barro amorfo.
Mi creador me tomo entre sus manos y me golpeó y me amoldó cariñosamente.
Llego un momento en que me desespere y le grite: “Por favor!! Ya déjame en Paz!”
Pero mi amo solo me sonrió y me dijo: “aguanta un poco más, todavía no es tiempo.”
Después me puso en un horno. Yo nunca había sentido tanto calor!
Me pregunté porque mi amo querría quemarme, así que toqué la puerta del horno.
A través de la ventana del horno pude leer los labios de mi amo que me decían “aguanta un poco más, todavía no es tiempo.”
Finalmente se abrió la puerta. Mi amo me tomó y me puso en una repisa para que me enfriara. “Así esta mucho mejor!” me dije a mi misma.
Pero apenas y me había refrescado cuando mi creador ya me estaba cepillando y pintándome.
El olor de la pintura era horrible! Sentía que me ahogaría!
“Por favor detente!” le gritaba yo a mi amo; pero el solo movía la cabeza haciendo un gesto negativo y decía “aguanta un poco mas, todavía no es tiempo.”
Al fin mi amo dejó de pintarme; pero esta vez me tomó y me metió nuevamente a otro horno! No era un horno como el primero; sino que era mucho más caliente! Ahora si estaba segura que me sofocaría!
Le rogué y le imploré a mi amo que me sacara!
Grité, lloré; pero mi creador solo me miraba diciendo “aguanta un poco mas, todavía no es tiempo.”
En ese momento me di cuenta que no había esperanza! Nunca lograría sobrevivir a ese horno!
Justo cuando estaba a punto de darme por vencido se abrió la puerta y mi amo me tomó cariñosamente y me puso en una repisa que era aún más alta que la primera.
Allí me dejó un momento para que me refrescara.
Después de una hora de haber salido del segundo horno, mi amo me dio un espejo y me dijo:
“Mírate! Esta eres tu!” Yo no podía creerlo!
Esa no podía ser yo! Lo que veía era hermoso!
Mi amo nuevamente me dijo:
“Yo se que te dolió haber sido golpeada y amoldada por mis manos; pero si te hubiera dejado como estabas, te hubieras secado.
Se que te causó mucho calor y dolor estar en el primer horno, pero de no haberte puesto allí, seguramente te hubieras estrellado.
También se que los gases de la pintura te provocaron muchas molestias, pero de no haberte pintado tu vida no tendría color.
Y si yo no te hubiera puesto en ese segundo horno, no hubieras sobrevivido mucho tiempo, porque tu dureza no habría sido la suficiente para que subsistieras. Ahora tu eres un producto terminado! Eres lo que yo tenía en mente cuando te comencé a formar!”

Moraleja: Dios nunca te va a tentar ni te va a obligar a que vivas algo que no puedas soportar. Dios sabe lo que está haciendo con cada uno de nosotros. El es el artesano y nosotros somos el barro con el cual el trabaja. El nos amolda y nos da forma para que lleguemos a ser una pieza perfecta y podamos cumplir con su voluntad.

El mendigo

Un mendigo había estado sentado más de treinta años a la orilla de un camino.
Un día pasó por allí un desconocido.
Una monedita, murmuró mecánicamente el mendigo, alargando su cuenco.
No tengo nada que darle, dijo el desconocido.
Después preguntó: ¿Qué es eso en lo que está sentado?
Nada, contestó el mendigo. Sólo una caja vieja. Me he sentado en ella desde que tengo memoria.
¿Alguna vez ha mirado lo que hay dentro?, preguntó el desconocido.
No dijo el mendigo. ¿Para qué? No hay nada dentro.
Échele una ojeada, insistió el desconocido.
El mendigo se las arregló para abrir la caja.
Con asombro, incredulidad y alborozo, vio que la caja estaba llena de oro. Yo soy el desconocido que le dice que mire dentro. No dentro de una caja como en la parábola, sino en un lugar aún más cercano, dentro de usted mismo.
Los que no han encontrado su verdadera riqueza (la Alegría Radiante de haber descubierto quiénes son: Ser, Paz, Amor, Lo profundo, Dios, y la profunda e inconmovible experiencia que acompaña a este maravilloso descubrimiento: estar inundados esencialmente de Ternura, Armonía y Gozo Interior) son mendigos, incluso si tienen mucha riqueza material.
Buscan afuera mendrugos de placer o de realización para lograr la aceptación, la seguridad o el amor, mientras que llevan “dentro” un tesoro que no sólo incluye todas esas cosas sino que es infinitamente mayor que todo lo que el mundo pueda ofrecer.

La búsqueda interior tiene el propósito de encontrar ese tesoro interno, esa seguridad, esa confianza interna y el amor por uno mismo que luego se extiende a toda la creación.

(Ekhart Tolle de su libro El PODER DEL AHORA).