Reflexión 21 de Junio: La conexión entre haber sido castigado y el hecho de responder con severidad ante usted y ante los demás

Si a usted le imponían disciplina cuando era niño, las consecuencias emocionales que sufrió pueden ser otra pieza del puzzle de por qué su vida no está resultando ser como usted deseaba. Definirnos disciplinar como el hecho de añadir consecuencias desagradables en la educación de los niños. En esta definición de disciplina se incluyen no solo castigos, sino cualquier reacción ante los niños que les haga sentirse no válidos, avergonzados o malos. Las medidas disciplinarias incluyen: desaprobar, obligarles a dejar de jugar por un rato, restricción de privilegios, no intervenir y dejar que ocurran las «consecuencias naturales», amonestarlos, darles una bofetada o pegarles.
Hasta este momento, quizá usted creía que se merecía los castigos que recibió porque era necesario controlar su comportamiento o construir su carácter. Pero hemos descubierto que todas las modalidades de disciplina dañan a los niños creando en ellos la necesidad de aplicarse castigos a ellos mismos y a los demás. Ya que todos los niños pequeños creen que sus padres son perfectos y que saben lo que es bueno para ellos, por definición, los niños que son castigados regularmente, sin darse cuenta, sacan la conclusión de que sentirse infelices es bueno. Debido a que los niños tienen una necesidad innata de imitar a sus padres, desarrollan la necesidad de reproducir la «felicidad»que sienten cuando son castigados, lo que implica en realidad provocarse alguna forma de infelicidad. Como adultos, pueden culparse a sí mismos, o pueden implicarse con amigos o parejas que los tratan mal o a quienes ellos tratan mal.

(Martha Heineman y William J. Pieper de su Libro Adictos a la Infelicidad).

Reflexión 18 de Junio: No es posible disciplinar la percepción alerta

Si practicamos la percepción alerta, si la convertimos en un hábito, se vuelve una tarea tediosa y difícil. No es posible disciplinar la percepción alerta. Eso que practicamos ya no es más percepción alerta, porque la práctica implica la creación de un hábito, el ejercicio del esfuerzo y de la voluntad. El esfuerzo es distorsión. La percepción alerta no actúa sólo con respecto a lo externo: el vuelo de los pájaros, las sombras, el mar inquieto, los árboles y el viento, el mendigo y los lujosos automóviles que pasan a su lado; también está la percepción alerta del proceso psicológico, de las tensiones y los conflictos internos. Uno no censura al pájaro que vuela; lo observa, percibe su belleza. Pero, cuando uno considera su propia lucha interna, la censura o la justifica. Es incapaz de observar este conflicto interno sin introducir opción ni justificación alguna.
Estar alerta a los propios sentimientos y pensamientos, sin identificarse con ellos, sin rechazar nada, no es una tarea tediosa y difícil; pero cuando buscamos un resultado, cuando queremos obtener algo, el conflicto se incrementa y comienza el tedio del esfuerzo, de la lucha.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

Reflexión 8 de Junio: Atención sin resistencia

Usted sabe qué es el espacio. Hay espacio en esta habitación. La distancia que hay desde aquí al lugar donde se hospeda, entre el puente y su casa, entre esta orilla del río y la otra, todo eso es espacio. Ahora bien, ¿hay también espacio en su mente? ¿O ésta se halla tan atestada que no contiene espacio alguno? Si su mente dispone de espacio, entonces en ese espacio hay silencio y de ese silencio proviene todo lo demás, porque entonces usted puede escuchar, puede prestar atención sin resistencia alguna. Por eso es muy importante contar con espacio en la mente. Si la mente no se halla atestada, incesantemente ocupada, puede escuchar a ese perro que ladra, escuchar el sonido de aquel tren que cruza el puente distante, y también estar plenamente atenta a lo que dice una persona que habla aquí. Entonces la mente es algo vivo, no una cosa apagada, muerta.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

Reflexión 1 de Junio: La energía su propia disciplina

Ir en busca de la realidad requiere una energía inmensa. Y Si el hombre no hace eso, disipa su energía de maneras que generan daño; por lo tanto, la sociedad tiene que controlarlo. Ahora bien, ¿es posible liberar energía en la búsqueda de Dios o la verdad y, en el proceso de descubrir lo verdadero, ser un ciudadano que comprende las cuestiones fundamentales de la vida y a quien la sociedad no puede destruir?
Vea, el hambre es energía, y si el hombre no busca la verdad, esta energía se vuelve destructiva; en consecuencia, la sociedad controla y moldea al individuo, lo cual apaga esta energía… Tal vez ha notado usted otro hecho interesante y muy simple: que en el momento en que de veras quiere hacer algo, tiene la energía para hacerlo […]. Esa energía misma se vuelve el medio de autocontrolarse, de modo que uno no necesita ninguna disciplina externa. En la búsqueda de la realidad, la energía crea su propia disciplina. El hombre que busca la realidad se convierte espontáneamente en la clase correcta de ciudadano, la cual no responde al patrón de ninguna sociedad o gobierno en particular.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

Reflexión 24 de Mayo: La percepción alerta puede disipar los problemas

Es obvio que todo pensar está condicionado; no hay tal cosa como el libre pensar. El pensar jamás puede ser libre, es el resultado de nuestro condicionamiento, de nuestra cultura, de nuestro clima, de nuestro trasfondo social, económico y político. Los libros mismos que leemos y las prácticas mismas que realizamos, todo eso se halla establecido en el trasfondo, y cualquier pensar debe, por fuerza, ser el resultado de ese trasfondo. Por lo tanto, si podemos estar alerta, tal vez seamos capaces de liberar a la mente de su condicionamiento, sin que intervenga el proceso de la voluntad, sin la determinación de liberar a la mente.
Porque en el momento en que hay una determinación, hay una entidad que desea, una entidad que dice: «Debo librar a mi mente de su condicionamiento». Esa entidad misma es consecuencia de nuestro deseo de lograr cierto resultado, de modo que ya hay allí un conflicto. Por tanto, ¿es posible estar alerta a nuestro condicionamiento, simplemente estar alerta? En eso no hay conflicto en absoluto. Esa misma percepción alerta, si se lo permitimos, quizá pueda disipar los problemas.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

Reflexión 21 de Mayo: La verdad es muy sutil

Uno tiene el destello de la comprensión, esa rapidez extraordinaria del discernimiento instantáneo, cuando el pensamiento se halla ausente, cuando la mente está muy quieta no abrumada por su propio ruido. Así pues, la comprensión de cualquier cosa -de una pintura moderna, de un niño, de nuestra esposa, de nuestro vecino, o la comprensión de la verdad, verdad que se encuentra en todas las cosas- sólo puede acaecer cuando la gente está muy quieta. Pero esa quietud no puede ser cultivada, ya que si uno cultiva una mente quieta, ésa no es una mente quieta, es una mente muerta.
Cuanto más se interesa uno en algo, cuanto mayor es su intención de comprender, tanto más sencilla, clara y libre es la mente. Entonces cesa la verbalización. Al fin y al cabo, el pensamiento es palabra, y la palabra es la que interfiere. La pantalla de las palabras, que es la memoria, se interpone entre el reto y la respuesta. Es la palabra la que responde al reto, proceso que llamamos intelección. Por lo tanto, la mente que parlotea, que verbaliza, no puede comprender la verdad, la verdad en la relación, no una verdad abstracta. No existe la verdad abstracta. Pero la verdad es muy sutil. Lo sutil es lo que resulta difícil de entender. No lo abstracto. La verdad llega tan repentinamente, tan misteriosamente, que la mente no puede retenerla. Como un ladrón en la noche, llega secretamente, no cuando estamos preparados para recibirla, no cuando nuestra recepción es meramente una invitación de la codicia. Por eso, una mente atrapada en la red de las palabras no puede comprender la verdad.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

Reflexión 14 de Mayo: Permanezcan con un sentimiento y vean qué sucede

Ustedes jamás permanecen con un sentimiento, un sentimiento puro y simple, sino que siempre lo rodean con la parafernalia de las palabras. La palabra lo distorsiona; el pensamiento, remolineando en torno de él, lo arroja a la oscuridad, lo abruma con miedos y anhelos gigantescos. Uno jamás permanece con un sentimiento, sin agregarle nada más: con un sentimiento de odio, o con ese sentimiento extraño de la belleza. Cuando brota el sentimiento de odio, decimos que es malo; están la compulsión, la lucha por vencerlo, la agitación del pensamiento respecto de ese odio.
Traten de permanecer con el sentimiento de odio, con el sentimiento de envidia, de celos, con el veneno de la ambición; al fin y al cabo, eso es lo que tenemos en nuestra vida cotidiana, aunque queramos vivir con amor, o con la palabra amor. Puesto que usted tiene el sentimiento de odio, de querer injuriar a alguien con un gesto o una palabra ardiente, vea si puede permanecer con ese sentimiento. ¿Puede? ¿Lo ha intentado alguna vez? Trate de permanecer con un sentimiento y vea qué sucede. Encontrará eso asombrosamente difícil. Su mente no dejará en paz al sentimiento; irrumpirá con sus recuerdos, sus asociaciones, sus «debes» y «no debes», su perpetuo parloteo. Levante del suelo un caparazón abandonado. ¿Puede contemplarlo, maravillarse ante su delicada belleza, sin decir «¡qué bonito es!», o «¿a qué animal pertenecerá?». ¿Puede mirar algo sin el movimiento de la mente?
¿Puede vivir con el sentir que hay detrás de la palabra, sin el sentimiento que la palabra provoca? Si puede hacerlo, descubrirá una cosa extraordinaria, un movimiento más allá de la medida del tiempo, una primavera que no conoce veranos.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).