Reflexión 13 de Abril: El amor no es un deber

… Cuando hay amor, no hay «deberes». Cuando uno ama a su esposa, lo comparte todo con ella: su propiedad, sus dificultades, su ansiedad, su alegría. Uno no ejerce dominio. Uno no es el hombre y ella la mujer para ser usada y descartada, una especie de máquina engendradora destinada a dar continuidad al apellido del hombre. Cuando hay amor, la palabra deber desaparece. El hombre cuyo corazón carece de amor, es el que habla de derechos y deberes, y en este país [India] los derechos y deberes han tomado el lugar del amor. Las reglamentaciones se han vuelto más importantes que la calidez del afecto. Cuando hay amor, el problema es simple; cuando no hay amor, el problema se vuelve complejo. Cuando un hombre ama a su mujer y a sus hijos, jamás puede pensar en términos de deber y derechos. Señores, examinen sus propios corazones y sus mentes. Sé que lo toman a risa; ése es uno de los trucos de la persona irreflexiva: reírse de algo y desecharlo. Sus esposas no comparten las responsabilidades de ustedes, no comparten la propiedad, no poseen la mitad de lo que ustedes poseen, porque el hombre considera que la mujer es inferior a él, algo para ser mantenido y usado sexualmente según la propia conveniencia cuando el apetito lo requiera. Por eso han inventado las palabras derechos y deber, y cuando la mujer se rebela, ustedes le arrojan estas palabras. Sólo una sociedad estática, una sociedad en deterioro, habla de deber y derechos. Si examinan de verdad sus mentes y sus corazones, encontrarán que carecen de amor.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

Reflexión 12 de Abril: En tanto poseamos, jamás habremos de amar

Nosotros conocemos el amor como sensación, ¿no es así? Cuando decimos que amamos, conocemos los celos, el miedo, la ansiedad. Cuando ustedes dicen que aman a alguien, todo está implicado: envidia, deseo de poseer, de adueñarse, de dominar, temor de perder, etc. Todo esto es lo que llamamos amor, y no conocemos el amor sin miedo, sin envidia, sin posesión; ese estado de amor que no contiene miedo, tan sólo lo verbalizamos, lo llamamos impersonal, puro, divino, o Dios sabe qué más; pero el hecho es que somos celosos, dominadores, posesivos. Conoceremos ese estado de amor sólo cuando lleguen a su fin los celos, la envidia, el afán posesivo, el deseo de dominar; en tanto poseamos, jamás habremos de amar […]. ¿Cuándo pensamos en la persona amada? Pensamos en ella cuando la persona se ha ido, cuando está lejos, cuando nos ha dejado […]. Así pues, echamos de menos a quien decimos amar, sólo cuando estamos perturbados, cuando sufrimos; mientras poseemos a esa persona no tenemos que pensar en ella, porque en la posesión no hay perturbación alguna […].
El pensar surge cuando uno está perturbado; y por fuerza estamos perturbados en tanto nuestro pensar es lo que llamamos amor. Por cierto, el amor no es una cosa de la mente; y debido a que las cosas de la mente han llenado nuestros corazones, carecemos de amor. Las cosas de la mente son los celos, la envidia, la ambición, el deseo de ser alguien, de alcanzar el éxito. Estas cosas de la mente llenan nuestros corazones, y entonces decimos que amamos; pero ¿cómo puede uno amar cuando lleva dentro de sí todos estos elementos confusos? Cuando hay humo, ¿cómo es posible que haya una llama pura?

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

Reflexión 10 de Abril: Hemos hecho del sexo un problema

¿Por qué todo lo que tocamos lo convertimos en un problema?… ¿Por qué el sexo se ha vuelto un problema? ¿Por qué nos sometemos a vivir con problemas? ¿Por qué no les ponemos fin? ¿Por qué no morimos para nuestros problemas, en vez de acarrearlos con nosotros día tras día, año tras año? No hay duda de que la pregunta acerca del sexo es pertinente, y la contestaré enseguida, pero hay una pregunta que es fundamental: ¿Por qué convertimos la vida en un problema? Trabajar, tener sexo, ganar dinero, pensar, sentir, experimentar… Ustedes saben, toda la cosa del vivir, ¿por qué es un problema? ¿No es, acaso, porque siempre pensamos desde un punto de vista particular, desde un punto de vista fijo? Estamos siempre pensando desde un centro hacia la periferia, pero la periferia es el centro para la mayoría de nosotros, y así todo cuanto tocamos es superficial. Pero la vida no es superficial, requiere ser vivida de un modo completo, y debido a que sólo la vivimos superficialmente, no conocemos sino la reacción superficial. Todo cuanto hacemos en la periferia debe, inevitablemente, crear un problema, y eso es nuestra vida: vivimos en lo superficial y estamos satisfechos de vivir allí con los problemas de lo superficial. Así pues, los problemas existen en tanto seguimos viviendo en lo superficial, en la periferia, siendo la periferia el «yo» y sus sensaciones, las que pueden ser exteriorizadas o permanecer en lo subjetivo, o bien pueden identificarse con el universo, con el país o con alguna otra cosa elaborada por la mente. Así, mientras vivamos dentro del campo de la mente, tendrá que haber complicaciones, problemas. Y eso es todo cuanto conocemos.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

Reflexión 9 de Abril: El escape máximo

¿Qué entendemos por el problema del sexo? ¿Es el acto o es un pensamiento acerca del acto? Por cierto, no es el acto. El acto sexual no es para ustedes un problema, no más problema que el comer, pero si piensan todo el día en el comer o en cualquier otra cosa, porque no tienen nada más en pensar, eso se convierte en un problema para ustedes […]. ¿Por qué lo intensifican, cosa que evidentemente hacen? Los cines, las revistas, las novelas, la forma como visten las mujeres, todo intensifica sus pensamientos acerca del sexo. ¿Por qué la mente aumenta el problema, por qué piensa tanto en el sexo? ¿Por qué, señoras y señores? Es el problema de ustedes. ¿Por qué? ¿Por qué se ha vuelto una cuestión fundamental en sus vidas? Habiendo tantas cosas que reclaman, que exigen su atención, conceden atención completa al pensamiento sobre el sexo. ¿Qué sucede, por qué sus mentes están tan ocupadas con eso? Porque ésa es la vía del máximo escape, ¿no es así? Es un modo de olvidarnos completamente de nosotros mismos. Por ahora, al menos por el momento, uno puede olvidarse de sí mismo -y no hay otro modo de olvidarse de sí mismo-. Todo lo demás que ustedes hacen en la vida acentúa el «yo». Sus negocios, sus religiones, sus dioses, sus líderes, sus actividades políticas, económicas y sociales, sus escapes, su afiliarse a un grupo y rechazar otro, todo eso da énfasis y fuerza al «yo» […]. Cuando hay una sola cosa en sus vidas que constituye una vía de máximo escape, de completo olvido de sí mismos, así sea por unos cuantos segundos, se aferran a ella porque es el único momento en que son felices […].
Así pues, el sexo se vuelve un problema extraordinariamente difícil y complejo, en tanto no comprendemos a la mente que piensa acerca del problema.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

Reflexión 4 de Abril: La cualidad del deseo

… ¿Qué ocurre si no condenamos el deseo, si no lo juzgamos como bueno o malo, sino que simplemente nos damos cuenta de él? Me pregunto si ustedes saben qué significa darse cuenta de algo. La mayoría de nosotros no se da cuenta, por que nos hemos acostumbrado a condenar, juzgar, evaluar, identificar, optar. La opción nos impide, obviamente, darnos cuenta, porque siempre optamos como resultado de un conflicto. El darse cuenta de las cosas cuando uno entra a una habitación, el ver todos los muebles, la alfombra o su ausencia, etcétera, el sólo ver, el percibir todo ello sin sentido alguno de juicio, es algo muy difícil. ¿Alguna vez ha intentado usted mirar a una persona, una flor, una idea, una emoción, sin optar, sin juzgar en absoluto?
¿Y si uno hace lo mismo con el deseo, si uno vive con él, sin negarlo ni decir: «¿Qué haré con este deseo? Es tan desagradable, tan imperioso, tan violento…», sin darle un nombre, un símbolo, sin cubrirlo con una palabra, entonces, ¿sigue existiendo la causa del desorden? En consecuencia, ¿es el deseo algo que debe ser sacrificado, destruido? Queremos destruirlo, porque un deseo acomete contra otro creando conflicto, desdicha y contradicción; y uno puede ver cómo intenta escapar de este conflicto interminable. Entonces, ¿puede uno darse cuenta de la totalidad del deseo? Lo que entiendo por totalidad no es un deseo o muchos deseos, sino la cualidad total del deseo en sí.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

Reflexión 3 de Abril: El deseo ha de ser comprendido

Sigamos examinando el deseo. Conocemos, ¿no es así?, el deseo, el cual se contradice a sí mismo, se tortura, empuja en direcciones diferentes; conocemos la pena, el trastorno, la ansiedad del deseo, y los intentos de disciplinarlo, de controlarlo. Y en la perpetua batalla que sostenemos con él lo retorcemos fuera de toda forma reconocible; pero está ahí, constantemente vigilando, aguardando, apremiando. Haga uno lo que hiciere, sublime el deseo, escape de él, lo rechace, lo acepte o le dé rienda suelta… está siempre ahí. Y sabemos cómo los instructores religiosos y otros han insistido en que debemos estar exentos de deseos, cultivar el desapego, lo cual es realmente absurdo, porque el deseo ha de ser comprendido, no destruido. Si ustedes destruyen el deseo, pueden destruir la vida misma. Si desnaturalizan el deseo, si lo moldean, lo controlan, lo dominan, lo reprimen, pueden estar destruyendo algo extraordinariamente bello.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

Reflexión 2 de Abril: La verdad del deseo

Tenemos que comprender el deseo; y es muy difícil comprender algo que es tan vital, tan exigente, tan apremiante, porque en la satisfacción misma del deseo se engendra la pasión, con el placer y dolor que la acompañan. Y si uno ha de comprender el deseo, es evidente que no debe haber opciones. Uno no puede juzgar el deseo como bueno o malo, noble o innoble, ni decir: «Conservaré este deseo y rechazaré aquel otro». Todo eso debe ser descartado si hemos de descubrir la verdad del deseo -su belleza, su fealdad o cualquier cosa que el deseo pueda ser-.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).