Reflexión 18 de Abril: El constante pensar es un derroche de energía

La mayoría de nosotros consume su vida en el esfuerzo, en la lucha; y el esfuerzo, la lucha, la competencia, son una disipación de esa energía. El hombre, a lo largo del periodo histórico de su existencia, ha dicho que para encontrar a Dios o la realidad -cualquiera sea el nombre que puedan darle-, uno debe ser célibe; o sea, debe tornar un voto de castidad y reprimir, controlar, batallar consigo mismo interminablemente durante toda su vida, a fin de
mantener su voto. ¡Vean qué desperdicio de energía! También es un desperdicio de energía la autocomplacencia. Pero tiene mucha mayor importancia cuando nos reprimimos. El esfuerzo que se ha ido en la represión, en el control, en este rechazo de nuestro deseo, deforma la mente; a causa de esa deformación, tenemos cierto sentido de austeridad, el cual se convierte en dureza. Por favor, escuchen. Obsérvenlo en sí mismos y observen a las personas que les rodean. Observen este derroche de energía, la batalla que tiene lugar. No las implicaciones del sexo, no el acto en sí, sino los ideales, las imágenes, el placer; el constante pensar acerca de todo eso es un derroche de energía. Y la mayoría de las personas malgasta su energía, ya sea a través de la negación del sexo, o a causa de su voto de castidad, o por pensar interminablemente en el sexo.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

Reflexión 17 de Abril: Amar es ser casto

Este problema del sexo no es simple y no puede ser resuelto en su propio nivel. Es absurdo tratar de resolverlo desde el punto de vista puramente biológico; y abordarlo mediante la religión o intentar solucionarlo como si fuera sólo una cuestión de ajuste físico, de actividad glandular, o rodearlo de tabúes y condenaciones, todo eso es demasiado inmaduro, infantil y estúpido. Esta cuestión requiere inteligencia del orden más elevado. Comprendernos en nuestra relación con otro ser humano requiere una inteligencia mucho más rápida y sutil que para entender la naturaleza. Pero nosotros procuramos comprender sin inteligencia; queremos una acción inmediata, una solución inmediata, y el problema se vuelve más y más importante […]. El amor no es mero pensamiento; los pensamientos son tan sólo una actividad externa del cerebro. El amor es mucho más hondo, mucho más profundo, y la profundidad de la vida puede ser descubierta sólo en el amor. Sin amor, la vida no tiene sentido, y ésa es la parte triste de nuestra existencia. Avanzamos en años y seguimos siendo inmaduros; nuestros cuerpos envejecen, engordan, se tornan desagradables, y permanecemos tan irreflexivos como siempre. Aunque leemos y hablamos al respecto, jamás hemos conocido el perfume de la vida. El mero leer y verbalizar indica una falta total de esa calidez humana del corazón, la cual enriquece la vida; y sin esa calidad del amor, hagan ustedes lo que hicieren, ya sea que ingresen en alguna sociedad, que elaboren alguna norma, etc., no resolverán este problema. Amar es ser casto.
El mero intelecto no es castidad. El hombre que trata de ser casto en pensamiento, no es casto, porque carece de amor. Sólo el ser humano que ama es casto, puro, incorruptible.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

Reflexión 16 de Abril: El amor es incapaz de amoldarse

El amor no es una cosa de la mente, ¿verdad? No es tan sólo el acto sexual. El amor es algo que la mente no puede concebir; es algo que no puede ser formulado. Y ustedes se relacionan sin amor, se casan sin amor. Por consiguiente, en ese matrimonio «se amoldan» el uno al otro. ¡Linda expresión! Se amoldan el uno al otro, lo cual es, obviamente, un mero proceso mental, intelectual, ¿no es así? Todo amoldamiento lo es. Pero el amor es, por cierto, incapaz de amoldarse. Ustedes saben, señores, que si aman a alguien no hay «amoldamiento» ¿verdad? Sólo hay comunión completa. Únicamente cuando no hay amor comenzamos a amoldarnos. Y a este amoldamiento lo llamamos matrimonio. De aquí que el matrimonio fracase, porque es la fuente misma del conflicto, una batalla entre dos personas. Es un problema extraordinariamente complejo, como todos los problemas, pero más aún a causa de la fuerza que tienen los apetitos, los instintos. Por lo tanto, una mente que tan sólo se está amoldando jamás puede ser casta. Una mente que busca la felicidad por medio del sexo jamás será casta. Aunque en ese acto puedan experimentar momentáneamente la abnegación del «yo», el olvido de sí mismos, la persecución misma de esa felicidad, persecución que es cosa de la mente, hace que ésta carezca de castidad. La castidad surge a la existencia sólo cuando hay amor.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

Reflexión 15 de Abril: Examinando el matrimonio

Estamos tratando de comprender el matrimonio, en el cual están implicados la relación, el amor, el compañerismo, la comunión. Obviamente, si no hay amor, el matrimonio se convierte en una desgracia, ¿verdad? Se vuelve mera satisfacción mutua. Amar es una de las cosas más difíciles que hay, ¿no es así? El amor puede nacer y existir tan sólo en ausencia del «yo». Sin amor, la relación es penosa; por gratificante o por superficial que sea, nos conduce al aburrimiento, a la rutina, al hábito con todas sus implicaciones. En consecuencia, los problemas sexuales adquieren suma importancia. Al examinar el matrimonio, si es necesario o no, uno debe primero comprender el amor. Por cierto, el amor es casto, sin amor uno no puede ser casto; puede ser célibe -hombre o mujer-, pero si no hay amor eso no es ser casto, no es ser puro. Si uno tiene un ideal de castidad, es decir, si quiere llegar a ser casto, tampoco en ello hay amor, porque eso es meramente el deseo de convertirse en algo que uno considera noble, creyendo que eso le ayudará a encontrar la realidad; ahí no hay amor en absoluto. Al igual que el libertinaje, que sólo lleva a la degradación y a la desdicha, la persecución de un ideal tampoco es casta. Ambos excluyen el amor, ambos implican llegar a ser alguna cosa, complacerse en algo; por lo tanto, uno es el que se vuelve importante, y donde «uno» es lo importante, no existe el amor.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

Reflexión 14 de Abril: Una cosa de la mente

Eso que llamamos nuestro amor es una cosa de la mente. Mírense a sí mismos, señores y señoras, y verán que lo que estoy diciendo es, evidentemente, verdadero; de otro modo, nuestras vidas, nuestros matrimonios, nuestras relaciones, serian por completo diferentes, tendríamos una sociedad nueva. Nos ligamos a otra persona, no por obra de una comunión verdadera, sino mediante un contrato al que llamamos amor, casamiento. El amor no fusiona, no amolda a dos personas; no es personal ni impersonal, es un estado del ser. Aquel que desea fusionarse con algo más grande, unirse con otro ser humano, está eludiendo la desdicha, la confusión; pero la mente sigue funcionando en la separación, la cual es desintegración. El amor no conoce ni la fusión ni la dispersión, no es personal ni impersonal; es un estado del ser que la mente no puede buscar y encontrar; puede describirlo, adjudicarle un vocablo, un nombre, pero la palabra, la descripción, no es amor. Sólo la mente quieta y silenciosa conocerá el amor, y ese estado de quietud y silencio no es cosa que pueda cultivarse.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

Reflexión 13 de Abril: El amor no es un deber

… Cuando hay amor, no hay «deberes». Cuando uno ama a su esposa, lo comparte todo con ella: su propiedad, sus dificultades, su ansiedad, su alegría. Uno no ejerce dominio. Uno no es el hombre y ella la mujer para ser usada y descartada, una especie de máquina engendradora destinada a dar continuidad al apellido del hombre. Cuando hay amor, la palabra deber desaparece. El hombre cuyo corazón carece de amor, es el que habla de derechos y deberes, y en este país [India] los derechos y deberes han tomado el lugar del amor. Las reglamentaciones se han vuelto más importantes que la calidez del afecto. Cuando hay amor, el problema es simple; cuando no hay amor, el problema se vuelve complejo. Cuando un hombre ama a su mujer y a sus hijos, jamás puede pensar en términos de deber y derechos. Señores, examinen sus propios corazones y sus mentes. Sé que lo toman a risa; ése es uno de los trucos de la persona irreflexiva: reírse de algo y desecharlo. Sus esposas no comparten las responsabilidades de ustedes, no comparten la propiedad, no poseen la mitad de lo que ustedes poseen, porque el hombre considera que la mujer es inferior a él, algo para ser mantenido y usado sexualmente según la propia conveniencia cuando el apetito lo requiera. Por eso han inventado las palabras derechos y deber, y cuando la mujer se rebela, ustedes le arrojan estas palabras. Sólo una sociedad estática, una sociedad en deterioro, habla de deber y derechos. Si examinan de verdad sus mentes y sus corazones, encontrarán que carecen de amor.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

Reflexión 12 de Abril: En tanto poseamos, jamás habremos de amar

Nosotros conocemos el amor como sensación, ¿no es así? Cuando decimos que amamos, conocemos los celos, el miedo, la ansiedad. Cuando ustedes dicen que aman a alguien, todo está implicado: envidia, deseo de poseer, de adueñarse, de dominar, temor de perder, etc. Todo esto es lo que llamamos amor, y no conocemos el amor sin miedo, sin envidia, sin posesión; ese estado de amor que no contiene miedo, tan sólo lo verbalizamos, lo llamamos impersonal, puro, divino, o Dios sabe qué más; pero el hecho es que somos celosos, dominadores, posesivos. Conoceremos ese estado de amor sólo cuando lleguen a su fin los celos, la envidia, el afán posesivo, el deseo de dominar; en tanto poseamos, jamás habremos de amar […]. ¿Cuándo pensamos en la persona amada? Pensamos en ella cuando la persona se ha ido, cuando está lejos, cuando nos ha dejado […]. Así pues, echamos de menos a quien decimos amar, sólo cuando estamos perturbados, cuando sufrimos; mientras poseemos a esa persona no tenemos que pensar en ella, porque en la posesión no hay perturbación alguna […].
El pensar surge cuando uno está perturbado; y por fuerza estamos perturbados en tanto nuestro pensar es lo que llamamos amor. Por cierto, el amor no es una cosa de la mente; y debido a que las cosas de la mente han llenado nuestros corazones, carecemos de amor. Las cosas de la mente son los celos, la envidia, la ambición, el deseo de ser alguien, de alcanzar el éxito. Estas cosas de la mente llenan nuestros corazones, y entonces decimos que amamos; pero ¿cómo puede uno amar cuando lleva dentro de sí todos estos elementos confusos? Cuando hay humo, ¿cómo es posible que haya una llama pura?

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).