Reflexión 16 de Marzo: El sentido de la relación

La relación es inevitablemente penosa, lo cual se demuestra en nuestra existencia diaria. Si en la relación no hay tensión alguna, deja de ser una relación y se convierte en un mero, confortable estado de sopor, en un narcótico, y eso es lo que desea y prefiere la mayoría de la gente. El conflicto es entre este anhelo de comodidad y lo factual, entre la ilusión y la realidad. Si usted reconoce la ilusión como tal, puede desecharla y conceder así su atención completa a la relación, a fin de comprenderla. Pero si busca seguridad en la relación, ésta se vuelve una inversión utilitaria en la comodidad, en la ilusión, mientras que la grandeza de la relación es su misma inseguridad. Al buscar seguridad en la relación, uno está obstaculizando su verdadero sentido, lo cual trae consigo sus propias acciones y desgracias peculiares.
Por cierto, el sentido de la relación es revelar, en totalidad, el estado de nuestro propio ser. La relación es un proceso de autorrevelación, de conocimiento de nosotros mismos. Esta autorrevelación es dolorosa, exige un ajuste constante, flexibilidad del pensamiento-emoción. Es una lucha penosa, con períodos esclarecidos de paz… Pero la mayoría de nosotros evita las tensiones en la relación, prefiriendo la tranquilidad y la comodidad o la satisfactoria dependencia, la seguridad exenta de retos, un ancladero confiable. Así, la familia y otras relaciones se convierten en un refugio, el refugio de la negligencia.
Cuando la inseguridad penetra furtivamente en la dependencia, como inevitablemente lo hace, entonces esa relación en particular es desechada y reemplazada por una nueva en la esperanza de hallar una seguridad perdurable; pero no hay seguridad en la relación, y la dependencia sólo engendra miedo. Sin comprender el proceso de seguridad y miedo, la relación llega a ser un impedimento que ata, una cuestión de ignorancia. Entonces, toda la existencia es lucha y dolor, y no hay forma de salir de eso, salvo con el recto pensar, el cual llega a través del conocimiento propio.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

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Reflexión 15 de Marzo: La relación es un espejo

Por cierto, sólo en la relación se revela el proceso de lo que uno es, ¿verdad? La relación es un espejo en el que me veo tal como soy; pero como a muy pocos nos gusta ver lo que somos, comenzamos a disciplinar, positiva o negativamente, lo que percibimos en el espejo de la relación. O sea, descubro algo en la relación, en las acciones de la relación, y eso no me gusta. Empiezo, pues, a modificar lo que no me gusta, lo que percibo como desagradable. Deseo cambiarlo, lo cual significa que ya tengo un modelo de lo que yo debería ser. Tan pronto hay un modelo de lo que uno debería ser, no hay comprensión de lo que uno es. En el momento en que tengo una imagen de lo que deseo ser, o de lo que debo ser, o de lo que no debo ser -un patrón conforme al cual deseo cambiarme a mí mismo- es obvio que no comprendo lo que soy en el instante de la relación.
Pienso que es de veras importante comprender esto, porque entiendo que es aquí donde casi todos nos extraviamos. No queremos saber lo que realmente somos en un momento dado de la relación. Si sólo nos interesa nuestro propio mejoramiento, no hay comprensión de nosotros mismos de lo que es.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

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Reflexión 14 de Marzo: Una intensidad libre de todo apego

En el estado de pasión sin causa, hay una intensidad libre de todo apego; pero cuando la pasión tiene una causa, hay apego, y el apego da comienzo al dolor. Casi todos estamos apegados; nos apegamos a una persona, a un país, a una creencia, a una idea, y cuando nos quitan el objeto de nuestro anhelo o de algún modo éste pierde su importancia, nos sentimos vacíos, insuficientes. Tratamos de llenar esta vacuidad aferrándonos a algo distinto, a algo que de nuevo se convierte en el objeto de nuestra pasión.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

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Reflexión 13 de Marzo: El anhelo es siempre anhelo

Para evitar el sufrimiento cultivamos el anhelo. Estando prevenidos de que el apego tarde o temprano acarrea dolor, queremos desapegarnos. El apego es satisfactorio, pero al percibir el dolor que lleva en sí, queremos satisfacernos de otra manera, por medio del desapego. El desapego es lo mismo que el apego en tanto depare satisfacción. Lo que realmente buscamos, pues, es satisfacción; anhelamos estar satisfechos por cualquier medio que sea.
Dependemos o nos apagamos porque ello nos brinda placer, seguridad, poder, una sensación de bienestar, aunque involucre dolor y miedo. Buscamos el desapego también por placer, a fin de no ser lastimados, heridos internamente. Nuestra búsqueda es de placer, gratificación. Sin condenar ni justificar, debemos tratar de comprender este proceso, porque a menos que lo comprendamos, no hay salida para nuestra confusión y nuestras contradicciones. ¿Puede nuestro anhelo satisfacerse alguna vez o es un abismo sin fondo? Ya sea que anhelemos lo bajo o lo alto, el anhelo es siempre anhelo, una llama ardiente, y lo que puede ser consumido por ella, pronto se convierte en cenizas; pero el anhelo de satisfacción permanece ahí, ardiendo siempre, consumiendo siempre; no termina jamás. El apego y el desapego atan por igual, y ambos deben ser transcendidos.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

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Reflexión 12 de Marzo : Trascendiendo el Pasado

Algunas personas están consumidas por los recuerdos y pensamientos del pasado. Su duelo, su pena y sus lamentos los condenan a aprisionar su vida en un pasado doloroso. No pueden vivir en el momento presente como personas libres. La realidad es que el pasado se ha ido; lo único que queda ahora son impresiones que persisten en las profundidades de nuestra consciencia. Sin embargo, esas imágenes del pasado continúan obsesionándonos, bloqueándonos e influyendo en nuestro comportamiento en el presente, puesto que nos inducen a decir y hacer cosas que realmente no queremos decir ni hacer. Perdemos toda nuestra libertad.
La respiración consciente nos permite ver con claridad que el abuso, las amenazas y el dolor que tuvimos que soportar en el pasado no están sucediendo ahora y que podemos permanecer a salvo en el presente. Al respirar conscientemente, sabemos que los acontecimientos que se desarrollan en esas películas mentales no son reales, y el mero hecho de recordarlo desactiva su poder para dirigirnos.

Es como cuando volamos en avión: cuando se atraviesan turbulencias intensas, el cinturón de seguridad impide que salgamos disparados por la cabina. La respiración consciente es nuestro cinturón de seguridad en la vida cotidiana: nos mantiene a salvo aquí, en el instante presente. Si sabes cómo respirar, cómo sentarte tranquilamente y en silencio, cómo practicar la meditación andando, entonces dispones de cinturón de seguridad y estás siempre a salvo. Eres libre de estar aquí, en contacto con la vida, sin que te manipulen los demonios del sufrimiento de los acontecimientos que pasaron y concluyeron.
Si en el pasado sufriste maltratos o abusos o padeciste de otro modo, deberías conocer la práctica para comprender que, aunque esas cosas sucedieron, ahora ya estás seguro, ya no estás en peligro. Cuando reconozcas a los fantasmas pretéritos como lo que son, podrás decirles directamente que no son reales y liberarte de la prisión del pasado. Si practicas la respiración, el paseo, la meditación y el trabajo de acuerdo con la atención plena durante unas semanas, tendrás éxito en esta tarea y esos viejos traumas no volverán a arrastrarte.
“La paz esta en tu interior”

(Thich Nhat Hanh).

Reflexión 11 de Marzo: El apego es un escape

Trate simplemente de prestar atención a su condicionamiento. Usted sólo puede conocerlo indirectamente, en relación con otra cosa. No puede percibir su condicionamiento como una abstracción, porque entonces eso es meramente verbal, sin mucha significación. Sólo somos conscientes del conflicto. El conflicto existe cuando no hay integración entre el reto y la respuesta. Este conflicto es el resultado de nuestro condicionamiento. El condicionamiento es apego: apego al trabajo, a la tradición, a la propiedad, a las personas, a las ideas, etcétera. Si no hubiera apego, ¿habría condicionamiento? Por supuesto que no. Entonces, ¿por que estamos apegados? Estoy apegado a mi país, porque mediante mi identificación con él llego a ser «alguien». Me identifico con mi trabajo, y el trabajo se vuelve importante. Soy mi familia, mi propiedad; estoy apegado a ellas. El objeto de mi apego me ofrece los medios para escapar de mi propia vacuidad. El apego es un escape, y es un escape que fortalece el condicionamiento.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

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Reflexión 10 de Marzo: Enfrentarse al hecho y ver qué ocurre

Todos hemos tenido la experiencia de la tremenda soledad, donde los libros, la religión, todo se ha ido y en lo interno nos sentimos tremendamente solos, vacíos. Muy pocos podemos enfrentarnos con esa vacuidad, esa soledad, y escapamos de ella. La dependencia es una de las cosas a las que acudimos; queremos depender de algo, porque no podemos permanecer a solas con nosotros mismos. Debemos tener la radio o los libros o la charla, el parloteo incesante acerca de esto y aquello, acerca del arte y de la cultura. Así es como llegamos a ese punto en que conocemos esta sensación extraordinaria de autoaislamiento. Podemos tener un empleo muy bueno, trabajar furiosamente, escribir libros, pero dentro de nosotros existe este vacío tremendo. Queremos llenarlo, y uno de los recursos es la dependencia.
Usamos la dependencia, el entretenimiento, la labor en la iglesia, las religiones, la bebida, las mujeres, muchísimas cosas para llenar ese vacío, para disimularlo.
Si vemos que es absolutamente inútil tratar de disimularlo, completamente inútil, si vemos eso no verbalmente, no con convicción y, por lo tanto, no con conformidad y determinación, sino que vemos el total absurdo de ello… entonces nos enfrentamos a un hecho. No es cuestión de cómo librarnos de la dependencia, lo cual no es un hecho, es sólo una reacción a un hecho […]. ¿Por qué no me enfrento al hecho y veo qué ocurre?
Ahora se suscita el problema del observador y lo observado. El observador dice: «Estoy vacío, no me gusta», y escapa de ello. El observador dice: «Yo soy diferente de la vacuidad». Pero el observador es la vacuidad; no existe ahí la vacuidad vista por un observador. El observador es lo observado. Cuando eso ocurre, hay una tremenda revolución en el pensar, en el sentir.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

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