Reflexión 12 de Mayo: La memoria niega el amor

¿Es posible amar sin pensar? ¿Qué entendemos por pensar? El pensar es una respuesta a recuerdos de dolor y placer. No existe un pensar sin el residuo que deja la experiencia incompleta. El amor es diferente de la emoción y el sentimentalismo. El amor no puede ser introducido en el campo del pensamiento, mientras que sí pueden serlo el sentimentalismo y las emociones. El amor es una llama sin humo, siempre fresca, creativa, jubilosa. Un amor así es peligroso para la sociedad, para las relaciones. Por lo tanto, el pensamiento penetra en él, lo modifica, lo guía, lo legaliza, lo saca de su condición peligrosa; entonces uno puede vivir con él. ¡No sabe usted que cuando uno ama de verdad a alguien, ama a toda la humanidad? ¿No sabe cuán peligroso es amar al ser humano? Entonces, no hay barreras ni nacionalidades; entonces, no hay ansia de poder y de posición, y las cosas asumen sus valores exactos. Un hombre así es un peligro para la sociedad.
Para que el amor exista, debe llegar a su fin el proceso de la memoria. La memoria surge sólo cuando la experiencia no es plena y completamente comprendida. La memoria es tan sólo el residuo de la experiencia; es el resultado de un reto que no comprendemos en su totalidad. La vida es un proceso de reto y respuesta.
El reto es siempre nuevo, pero la respuesta es siempre vieja. Esta respuesta, que es el condicionamiento, que es una consecuencia del pasado, debe ser comprendida y no disciplinada o condenada. Eso significa vivir cada día de nuevo, en plenitud, completamente. Este vivir completo es posible sólo cuando hay amor, cuando nuestro corazón está lleno, no de palabras ni de cosas elaboradas por la mente. Sólo donde hay amor deja de actuar la memoria psicológica; entonces cada movimiento es un renacer.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

Reflexión 10 de Mayo: Si uno no nombra ese sentimiento

Cuando uno observa un sentimiento, ese sentimiento llega a su fin. Pero aun cuando llegue a su fin, si hay un observador, un espectador, un censor, un pensador que permanece aparte del sentimiento, sigue habiendo una contradicción. Es entonces, muy importante comprender cómo miramos un sentimiento.
Tomemos, por ejemplo, un sentimiento muy común: los celos. Todos sabemos qué es estar celoso. Ahora bien, ¿cómo mira usted sus celos? Cuando uno observa ese sentimiento, uno es el observador de los celos, y los observa como si fueran algo separado de uno mismo. Trata de cambiar los celos, de modificarlos, o trata de explicar por qué se justifica que uno esté celoso, y así sucesivamente. Hay, por lo tanto, alguien, un censor, una entidad separada de los celos, que lo observa. Puede que los celos desaparezcan por el momento, pero regresan nuevamente; y regresan porque no vemos realmente que los celos forman parte de nosotros mismos.
Estoy diciendo que en el instante en que damos un nombre, en que ponemos un rótulo a ese sentimiento, hemos introducido la estructura de lo viejo; y lo viejo es el observador, la entidad separada que se halla compuesta de palabras, de ideas, de opiniones acerca de lo que está bien y lo que está mal […]. Pero si uno no nombra ese sentimiento -lo cual exige una tremenda percepción alerta, una gran dosis de comprensión instantánea-, descubrirá que no hay observador ni pensador ni centro alguno desde el cual uno esté juzgando, y que uno mismo no es diferente del sentimiento. No hay un «yo» que sienta los celos.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

Reflexión 9 de Mayo: La totalidad del sentir

¿Qué es el sentimiento? El sentimiento es como el pensamiento. Es una sensación. Veo una flor y respondo a esa flor: me agrada o no me agrada. El agrado o el desagrado los dicta mi pensamiento, y el pensamiento es la respuesta del trasfondo constituido por la memoria. Así pues, digo: «Esa flor me agrada», o «esa flor no me agrada». Ahora bien, el amor ¿está relacionado con el sentimiento? El sentimiento es sensación, no hay duda: sensación de agrado y desagrado, de bueno y malo, de buen gusto, etc. ¿Está ese sentimiento relacionado con el amor?… ¿Ha observado usted su calle, la manera como vive en su casa, el modo como se sienta, como habla? ¿Ha reparado en todos los santos que ustedes adoran? Para ellos la pasión es sexo; por eso niegan la pasión, la belleza -las niegan en el sentido de desecharlas-. De esta manera, junto con la sensación han matado ustedes el amor, ya que dicen: «La sensación hará de mí un prisionero, seré un esclavo del deseo sexual; por lo tanto, la eliminaré». De ese modo, han convertido al sexo en un problema inmenso […]. Cuando haya comprendido de manera completa el sentimiento -completa, no parcial-, cuando realmente haya comprendido la totalidad del sentir, sabrá qué es el amor. Cuando pueda ver y apreciar la belleza de un árbol, la belleza de una sonrisa, cuando pueda ver la belleza del sol poniéndose tras los muros de la ciudad -verla totalmente-, entonces sabrá qué es el amor.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

Reflexión 27 de Abril: Una mente apasionada es inquisitiva

Obviamente, tiene que haber pasión, y el problema es cómo revivir esa pasión. No nos interpretemos mal el uno al otro. Quiero decir pasión en todo sentido, no meramente pasión sexual, que es una cosa muy pequeña. Y casi todos nos satisfacemos con eso, porque toda otra pasión ha sido destruida: destruida en la oficina, en la fábrica, siguiendo la rutina de cierta ocupación, aprendiendo técnicas, ahí no ha quedado, pues, pasión alguna, no hay un sentido creativo, un sentido de urgencia y liberación. Debido a eso, el sexo se vuelve importante para nosotros, y allí nos extraviamos en la pasión subalterna, que se convierte en un problema enorme para la mente estrecha que se considera virtuosa, o de otro modo se vuelve un hábito y muere. Reitero: uso la palabra pasión con el sentido de una cosa total. Una persona apasionada que siente con gran intensidad no se satisface tan sólo con alguna insignificante ocupación, tanto si es la de un primer ministro como la de un cocinero, o la que prefieran. Una mente apasionada inquiere, explora, observa, investiga, exige; no trata de encontrar algún objeto para satisfacer su descontento y echarse a dormir. Una mente apasionada busca a tientas, se abre paso en la oscuridad, no acepta ninguna tradición; no es una mente afirmada en sí misma, una mente que ha llegado, sino que es una mente joven que está siempre llegando.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

Reflexión 26 de Abril: El amor, les aseguro, es pasión

Ustedes no pueden ser sensibles si no son apasionados. No teman a esa palabra pasión. Casi todos los libros religiosos, casi todos los gurús suamis, líderes y demás han dicho: «No sientas pasión». Pero si uno carece de pasión, ¿cómo puede ser sensible a lo feo, a lo bello, a las hojas susurrantes, a la puesta del sol, a una sonrisa, a un llanto? ¿Cómo puede ser sensible sin un sentido de pasión que implica la entrega total de sí mismo? Señores, por favor, escúchenme, no pregunten cómo adquirir pasión. Sé que todos son bastante apasionados cuando tratan de conseguir un empleo, o cuando odian a un pobre tipo, o cuando están celosos de alguien; pero yo me refiero a algo por completo diferente: una pasión que ama.
El amor es un estado en el que no hay «yo»; es un estado en el que no existe condenación alguna, ni un juzgar que el sexo es bueno o malo, que esto es superior y aquello otro es inferior. El amor no es ninguna de estas cosas contradictorias.
La contradicción no existe en el amor. Y ¿cómo puede uno amar si no es apasionado? Sin pasión, ¿cómo puede uno ser sensible? Ser sensible es percibir al vecino que se sienta junto a nosotros; es ver lo desagradable de la ciudad con su escualidez su suciedad, su pobreza, y ver la belleza del río, del mar, del cielo. Si uno no es apasionado, ¿cómo puede ser sensible a todo eso? ¿Cómo puede sentir una sonrisa, una lágrima? El amor, les aseguro, es pasión.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

Reflexión 20 de Abril: Comprender la pasión

Castigarse a sí mismo, Implica una vida religiosa? La mortificación del cuerpo o de la mente, ¿es un signo de comprensión? Es la autotortura un camino hacia la realidad? La castidad, ¿es negación? ¿Piensan ustedes que por medio del renunciamiento pueden llegar muy lejos? ¿Piensan realmente que puede haber paz gracias al conflicto? El medio que empleamos, ¿no importa infinitamente más que el fin proyectado? El fin puede ser, pero el medio es. Lo factual, lo que es, lo que debe ser comprendido, no encubierto por determinaciones, ideales e ingeniosas racionalizaciones. El dolor no es el camino hacia la felicidad. Lo que llamamos pasión ha de ser comprendido y no reprimido o sublimado, y de nada sirve buscarle un sustituto. Cualquier cosa que hagamos, cualquier artificio que inventemos, sólo fortalecerá aquello que no ha sido amado y comprendido. Amar eso que llamamos pasión es comprenderlo. Amar es estar en comunión directa; y no podemos amar algo si nos sentimos agraviados por ello, si tenemos ideas, conclusiones al respecto. ¿Cómo puede uno amar y comprender la pasión si ha tomado un voto contra ella? Un voto así es una forma de resistencia, y aquello que resistimos finalmente nos conquista. La verdad no puede ser conquistada, ustedes no pueden tomarla por asalto, se les escabullirá de las manos si intentan atraparla. La verdad llega silenciosamente, sin nuestro conocimiento. Lo que conocemos no es la verdad, es sólo una idea, un símbolo. La sombra no es lo real.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

Reflexión 19 de Abril: El idealista no puede conocer el amor

Los que tratan de ser célibes con el fin de llegar a Dios no son castos porque están buscando un resultado, un beneficio, y así sustituyen el sexo por el objetivo en perspectiva; eso es miedo. Sus corazones carecen de amor y de pureza, y sólo un corazón puro puede dar con la realidad. Un corazón disciplinado, reprimido, no puede saber qué es el amor; no puede saberlo si está preso en el hábito, en la sensación, ya sea de orden religioso, físico, psicológico o sensual. El idealista es un imitador de su ideal; por lo tanto, no puede conocer el amor. No puede ser generoso, entregarse completamente sin pensar en sí mismo. Sólo cuando la mente y el corazón están aliviados de la carga del miedo, de la rutina de los hábitos sensuales, cuando hay generosidad y compasión, hay amor. Tal amor es casto.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).