Reflexión 15 de Marzo: La relación es un espejo

Por cierto, sólo en la relación se revela el proceso de lo que uno es, ¿verdad? La relación es un espejo en el que me veo tal como soy; pero como a muy pocos nos gusta ver lo que somos, comenzamos a disciplinar, positiva o negativamente, lo que percibimos en el espejo de la relación. O sea, descubro algo en la relación, en las acciones de la relación, y eso no me gusta. Empiezo, pues, a modificar lo que no me gusta, lo que percibo como desagradable. Deseo cambiarlo, lo cual significa que ya tengo un modelo de lo que yo debería ser. Tan pronto hay un modelo de lo que uno debería ser, no hay comprensión de lo que uno es. En el momento en que tengo una imagen de lo que deseo ser, o de lo que debo ser, o de lo que no debo ser -un patrón conforme al cual deseo cambiarme a mí mismo- es obvio que no comprendo lo que soy en el instante de la relación.
Pienso que es de veras importante comprender esto, porque entiendo que es aquí donde casi todos nos extraviamos. No queremos saber lo que realmente somos en un momento dado de la relación. Si sólo nos interesa nuestro propio mejoramiento, no hay comprensión de nosotros mismos de lo que es.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

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Reflexión 14 de Marzo: Una intensidad libre de todo apego

En el estado de pasión sin causa, hay una intensidad libre de todo apego; pero cuando la pasión tiene una causa, hay apego, y el apego da comienzo al dolor. Casi todos estamos apegados; nos apegamos a una persona, a un país, a una creencia, a una idea, y cuando nos quitan el objeto de nuestro anhelo o de algún modo éste pierde su importancia, nos sentimos vacíos, insuficientes. Tratamos de llenar esta vacuidad aferrándonos a algo distinto, a algo que de nuevo se convierte en el objeto de nuestra pasión.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

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Reflexión 9 de Marzo: El apego es autoengaño

Somos las cosas que poseemos, somos aquello a lo que estamos apegados. El apego carece de nobleza. El apego al conocimiento no es diferente de cualquier otra afición gratificadora El apego es ensimismamiento, ya sea en el nivel más bajo o en el más elevado. El autoengaño es una forma de escapar de la oquedad del «yo». Las cosas a las que estamos apegados: la propiedad, la gente, las ideas, se vuelven sumamente importantes, porque sin las muchas cosas con que llena su vacuidad, el «yo» no existe. El miedo a no ser contribuye a la posesión; y el miedo engendra ilusión, esclavitud a las conclusiones. Las conclusiones, materiales o ideales, impiden que fructifique la inteligencia, la libertad; y sólo en libertad puede tener existencia lo real. Sin esta libertad, la astucia es tomada por inteligencia Las formas que adopta la astucia son siempre complejas y destructivas
Esta astucia autoprotectora es la que contribuye al apego; y cuando el apego causa sufrimiento, es esta misma astucia la que busca el desapego y encuentra placer en el orgullo y la vanidad del renunciamiento. La comprensión de las formas de la astucia de las modalidades del «yo», es el principio de la inteligencia.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

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Reflexión 26 de Febrero: Evolución humana

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¿Debemos conocer la embriaguez para conocer la sobriedad? ¿Debemos pasar por el odio, a fin de saber qué es ser compasivo? ¿Deben ustedes sufrir guerras, destruirse a sí mismos y a otros, para saber qué es la paz? Éste es, sin duda, un mudó totalmente falso de pensar, ¿no es así? Primero suponen que hay evolución, desarrollo, un movimiento desde lo malo a lo bueno, y después acomodan su pensar a ese patrón. Es obvio que hay desarrollo físico, la pequeña plantita convirtiéndose en el gran árbol; hay progreso tecnológico, la rueda evolucionando en el curso de los siglos hasta llegar al avión. Pero ¿hay progreso, evolución en lo psicológico? Eso es lo que estamos discutiendo: si es que hay un desarrollo, una evolución del «yo» que empieza con el mal y termina en el bien. Mediante un proceso de evolución, a lo largo del tiempo, ¿puede el «yo», que es el centro del mal, llegar a ser noble, bueno alguna vez? Evidentemente, no. Lo que es malo, el «yo» psicológico, seguirá siendo malo siempre. Pero no queremos enfrentarnos con eso. Creemos que mediante el proceso del tiempo, de crecimiento y cambio, el «yo» se convertirá finalmente en la realidad. Ésta es nuestra esperanza, ése es nuestro anhelo: que el «yo», con el tiempo, llegue a ser perfecto. ¿Qué es este «yo» este ego? Es un nombre, una forma, un manojo de recuerdos, esperanzas, frustraciones, anhelos, pesares, sufrimientos, alegrías transitorias. Queremos que este «yo» continúe y devenga perfecto; por eso, decimos que más allá del «yo» hay un «súper yo», un «yo» más elevado, una entidad espiritual e integral. Pero, puesto que hemos pensado en ella, esa entidad «espiritual» sigue estando dentro del campo del tiempo, ¿no es así? Si podemos pensar en ella, es obvio que se encuentra dentro del campo de nuestro razonamiento.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

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Reflexion 12 de Febrero: La pantalla de la creencia

world religions

Usted cree en Dios y otro no cree en Dios, de modo que las creencias de ustedes los separan. En todo el mundo la creencia está organizada como hinduismo, budismo o cristianismo, así divide a los hombres. Estamos confundidos, y pensamos que mediante la creencia aclararemos la confusión; es decir, la creencia se superpone a la confusión y esperamos que, con eso, la confusión se despejará. Pero la creencia no es sino un modo de escapar del hecho de la confusión no nos ayuda a aprontar y comprender el hecho, sino a escapar de la contusión en que nos encontramos. Para comprender la contusión, no es necesaria la creencia; ésta sólo actúa como una pantalla entre nosotros y nuestros problemas. Por eso la religión, que es una creencia organizada, se convierte en un medio para escapar de lo que es, del hecho de la confusión. El hombre que cree en Dios, el que cree en el más allá, o aquel que tiene alguna otra forma de creencia, está escapando de un hecho: el hecho de lo que él es. ¿Acaso no conocemos a esas personas que creen en Dios, que practican puja, que repiten ciertos cantos y ciertas palabras, y que en su vida cotidiana son dominadoras, crueles, ambiciosas, tramposas, deshonestas? ¿Encontrarán ellas a Dios? Están verdaderamente buscando a Dios? ¿Puede encontrarse a Dios mediante la repetición de palabras, mediante la creencia? Sin embargo, tales personas creen en Dios, adoran a Dios, van al templo todos los días, lo hacen todo para eludir el hecho de lo que son; y a esas personas las consideramos respetables, porque esas personas somos nosotros mismos.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

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Reflexión 11 de Febrero: Más allá de la creencia

futuro

Nos damos cuenta de que la vida es desagradable, dolorosa, triste; deseamos alguna clase de teoría, alguna clase de especulación o satisfacción, alguna clase de doctrina que explique todo esto, y así quedamos atrapados en explicaciones, palabras, teorías, y gradualmente las creencias echan raíces muy profundas y se vuelven inconmovibles, porque detrás de esas creencias, de esos dogmas, está el miedo constante a lo desconocido. Pero jamás miramos ese miedo; le volvemos la espalda. Cuanto más fuertes son las creencias, más fuertes los dogmas. Y cuando examinamos estas creencias: la cristiana, la hindú, la budista, etcétera, encontramos que dividen a la gente. Cada dogma, cada creencia tiene una serie de rituales, de compulsiones que atan y separan a los seres humanos. De modo que empezamos una indagación para averiguar qué es lo verdadero, cuál es el significado de esta desdicha, de esta lucha, de este dolor; y pronto quedamos atrapados en creencias, rituales, teorías.
La creencia es corrupción, porque detrás de la creencia y la moralidad se esconde la mente, el «yo» -el «yo» que se vuelve cada vez más grande, poderoso y fuerte-. Consideramos que la creencia en Dios, la creencia en algo, es religión. Pensamos que creer es ser religioso. ¿Comprende? Si no creemos, se nos considerará ateos, seremos condenados por la sociedad. Una sociedad condenará a los que creen en Dios, y otra sociedad condenará a los que no creen. Ambas son la misma cosa. Así pues, la religión se vuelve una cuestión de creencia; y la creencia actúa y ejerce su influencia sobre la mente. De ese modo la mente jamás puede ser libre. Pero sólo en libertad podemos descubrir qué es lo verdadero, qué es Dios; no podemos hacerlo mediante ninguna creencia, porque nuestra creencia misma proyecta lo que pensamos que debe ser Dios, lo que pensamos que debe ser la verdad.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

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Reflexión del Día: 9 de Febrero

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Una lección esencial sobre el arte de vivir que todos debemos aprender es a hacer lo que las situaciones nos exigen sin que por ello nos convirtamos en un personaje con el cual identificarnos. El poder de lo que hacemos se intensifica si actuamos por la acción misma en lugar de hacerlo como medio para proteger, engrandecer o satisfacer nuestra identidad. Cada personaje es una noción ficticia del ser y sirve para personalizarlo, corromperlo y distorsionarlo todo a causa del “pequeño yo” fabricado por la mente y del personaje en cuestión. La mayoría de las personas que ocupan posiciones de poder en este mundo como los políticos, las celebridades de la televisión, los líderes de empresa y también los líderes religiosos, se identifican totalmente con su papel, salvo por algunas excepciones notables. Podrán ser personajes VIP pero nos son más que actores inconscientes en el drama del ego, un drama que parece supremamente importante pero que, en últimas, carece de todo propósito.
En un mundo lleno de personajes que representan un drama, las pocas personas que no proyectan una imagen fabricada por la mente (y las hay incluso en la televisión, los medios y el mundo de los negocios) sino que funcionan desde la esencia profunda de su Ser, que no aparentan ser más de lo que son sino que son ellas mismas, se destacan como personas notables y son las únicas que logran dejar una verdadera huella en este mundo. Son las portadoras de la nueva conciencia. Imprimen gran poder a todo lo que hacen porque están en armonía con el propósito del todo. Sin embargo, su influencia va mucho más allá de lo que hacen, mucho más allá de su función. Su simple presencia sencilla, natural, discreta, ejerce un efecto de transformación sobre todas las personas con quienes entran en contacto.
Cuando no representamos papeles, no hay ego en lo que hacemos. No hay un propósito oculto: protegernos o fortalecernos. El resultado es que nuestros actos ejercen un poder mucho mayor. Nos concentramos totalmente en la situación. Somos uno con ella. No tratamos de ser alguien en particular. Cuando somos totalmente nosotros mismos, nuestros actos son más poderosos y eficaces. Pero no debemos esforzarnos por ser nosotros mismos. Ese es otro papel. Se llama “mi yo natural y espontáneo”.

(Eckhart Tolle de su Libro Una Nueva Tierra).

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