Reflexión 12 de Abril: En tanto poseamos, jamás habremos de amar

Nosotros conocemos el amor como sensación, ¿no es así? Cuando decimos que amamos, conocemos los celos, el miedo, la ansiedad. Cuando ustedes dicen que aman a alguien, todo está implicado: envidia, deseo de poseer, de adueñarse, de dominar, temor de perder, etc. Todo esto es lo que llamamos amor, y no conocemos el amor sin miedo, sin envidia, sin posesión; ese estado de amor que no contiene miedo, tan sólo lo verbalizamos, lo llamamos impersonal, puro, divino, o Dios sabe qué más; pero el hecho es que somos celosos, dominadores, posesivos. Conoceremos ese estado de amor sólo cuando lleguen a su fin los celos, la envidia, el afán posesivo, el deseo de dominar; en tanto poseamos, jamás habremos de amar […]. ¿Cuándo pensamos en la persona amada? Pensamos en ella cuando la persona se ha ido, cuando está lejos, cuando nos ha dejado […]. Así pues, echamos de menos a quien decimos amar, sólo cuando estamos perturbados, cuando sufrimos; mientras poseemos a esa persona no tenemos que pensar en ella, porque en la posesión no hay perturbación alguna […].
El pensar surge cuando uno está perturbado; y por fuerza estamos perturbados en tanto nuestro pensar es lo que llamamos amor. Por cierto, el amor no es una cosa de la mente; y debido a que las cosas de la mente han llenado nuestros corazones, carecemos de amor. Las cosas de la mente son los celos, la envidia, la ambición, el deseo de ser alguien, de alcanzar el éxito. Estas cosas de la mente llenan nuestros corazones, y entonces decimos que amamos; pero ¿cómo puede uno amar cuando lleva dentro de sí todos estos elementos confusos? Cuando hay humo, ¿cómo es posible que haya una llama pura?

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

Reflexión 18 de Marzo: Somos aquello que poseemos

Para comprender la relación, tiene que haber una percepción alerta y pasiva, la cual no destruye la relación. Por el contrario, la torna más vital, mucho más significativa. Entonces, en esa relación hay una posibilidad de verdadero afecto; hay calidez, un sentido de cercanía que no es mero sentimiento o sensación. Y si pudiéramos abordarlo todo de esa manera, o estar en una relación así con todo, entonces nuestros problemas serían fácilmente resueltos -los problemas de la propiedad, los problemas de la posesión-. Porque somos aquello que poseemos. El hombre que posee dinero es el dinero. El que se identifica con la propiedad es la propiedad, o la casa, o los muebles. Lo mismo con las ideas, o con las personas; y cuando hay afán posesivo, no existe relación alguna. Pero la mayoría de nosotros quiere poseer, ya que no tenemos nada más si no poseemos. Si no llenamos nuestra vida con muebles, con música, con conocimientos, con esto o aquello, somos cáscaras vacías. Esa cáscara hace mucho ruido, y a ese ruido lo llamamos vivir; y nos satisfacemos con eso. Y cuando se produce una interrupción, una ruptura de eso, hay dolor, porque súbitamente nos descubrimos tal como somos: una cáscara vacía, sin mucho sentido. La acción consiste, pues, en
darnos cuenta de todo el contenido de la relación; y, a partir de esa acción, es posible una relación verdadera, es posible descubrir la gran profundidad, el inmenso significado de esa relación y saber qué es el amor.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

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Reflexión 13 de Marzo: El anhelo es siempre anhelo

Para evitar el sufrimiento cultivamos el anhelo. Estando prevenidos de que el apego tarde o temprano acarrea dolor, queremos desapegarnos. El apego es satisfactorio, pero al percibir el dolor que lleva en sí, queremos satisfacernos de otra manera, por medio del desapego. El desapego es lo mismo que el apego en tanto depare satisfacción. Lo que realmente buscamos, pues, es satisfacción; anhelamos estar satisfechos por cualquier medio que sea.
Dependemos o nos apagamos porque ello nos brinda placer, seguridad, poder, una sensación de bienestar, aunque involucre dolor y miedo. Buscamos el desapego también por placer, a fin de no ser lastimados, heridos internamente. Nuestra búsqueda es de placer, gratificación. Sin condenar ni justificar, debemos tratar de comprender este proceso, porque a menos que lo comprendamos, no hay salida para nuestra confusión y nuestras contradicciones. ¿Puede nuestro anhelo satisfacerse alguna vez o es un abismo sin fondo? Ya sea que anhelemos lo bajo o lo alto, el anhelo es siempre anhelo, una llama ardiente, y lo que puede ser consumido por ella, pronto se convierte en cenizas; pero el anhelo de satisfacción permanece ahí, ardiendo siempre, consumiendo siempre; no termina jamás. El apego y el desapego atan por igual, y ambos deben ser transcendidos.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

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Reflexión 11 de Marzo: El apego es un escape

Trate simplemente de prestar atención a su condicionamiento. Usted sólo puede conocerlo indirectamente, en relación con otra cosa. No puede percibir su condicionamiento como una abstracción, porque entonces eso es meramente verbal, sin mucha significación. Sólo somos conscientes del conflicto. El conflicto existe cuando no hay integración entre el reto y la respuesta. Este conflicto es el resultado de nuestro condicionamiento. El condicionamiento es apego: apego al trabajo, a la tradición, a la propiedad, a las personas, a las ideas, etcétera. Si no hubiera apego, ¿habría condicionamiento? Por supuesto que no. Entonces, ¿por que estamos apegados? Estoy apegado a mi país, porque mediante mi identificación con él llego a ser «alguien». Me identifico con mi trabajo, y el trabajo se vuelve importante. Soy mi familia, mi propiedad; estoy apegado a ellas. El objeto de mi apego me ofrece los medios para escapar de mi propia vacuidad. El apego es un escape, y es un escape que fortalece el condicionamiento.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

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Reflexión 10 de Marzo: Enfrentarse al hecho y ver qué ocurre

Todos hemos tenido la experiencia de la tremenda soledad, donde los libros, la religión, todo se ha ido y en lo interno nos sentimos tremendamente solos, vacíos. Muy pocos podemos enfrentarnos con esa vacuidad, esa soledad, y escapamos de ella. La dependencia es una de las cosas a las que acudimos; queremos depender de algo, porque no podemos permanecer a solas con nosotros mismos. Debemos tener la radio o los libros o la charla, el parloteo incesante acerca de esto y aquello, acerca del arte y de la cultura. Así es como llegamos a ese punto en que conocemos esta sensación extraordinaria de autoaislamiento. Podemos tener un empleo muy bueno, trabajar furiosamente, escribir libros, pero dentro de nosotros existe este vacío tremendo. Queremos llenarlo, y uno de los recursos es la dependencia.
Usamos la dependencia, el entretenimiento, la labor en la iglesia, las religiones, la bebida, las mujeres, muchísimas cosas para llenar ese vacío, para disimularlo.
Si vemos que es absolutamente inútil tratar de disimularlo, completamente inútil, si vemos eso no verbalmente, no con convicción y, por lo tanto, no con conformidad y determinación, sino que vemos el total absurdo de ello… entonces nos enfrentamos a un hecho. No es cuestión de cómo librarnos de la dependencia, lo cual no es un hecho, es sólo una reacción a un hecho […]. ¿Por qué no me enfrento al hecho y veo qué ocurre?
Ahora se suscita el problema del observador y lo observado. El observador dice: «Estoy vacío, no me gusta», y escapa de ello. El observador dice: «Yo soy diferente de la vacuidad». Pero el observador es la vacuidad; no existe ahí la vacuidad vista por un observador. El observador es lo observado. Cuando eso ocurre, hay una tremenda revolución en el pensar, en el sentir.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

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Reflexión 7 de Marzo: Explotar es ser explotado

Dado que la mayoría de nosotros busca el poder en una forma u otra, se establece el principio jerárquico: el novicio y el iniciado, el discípulo y el Maestro, y aun entre los Maestros hay rangos de desarrollo espiritual. A casi todos nos gusta explotar y ser explotados, y este sistema ofrece los medios, tanto los ocultos como los evidentes. Explotar es ser explotado. El deseo de usar a otros para nuestras necesidades psicológicas contribuye a la dependencia, y cuando uno depende, debe retener, poseer; y aquello que poseemos nos posee. Sin la dependencia, sutil o grosera, sin poseer cosas, personas e ideas, uno se siente vacío, siente que carece de importancia. Uno quiere ser algo, alguien, y para evitar la roedura del miedo a ser nada pertenece a ésta o a aquella organización, a esta iglesia o a ese templo. Así es uno explotado y, a su vez, explota.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

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Reflexión 1 de Marzo: Una mente libre es humilde

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¿Alguna vez ha investigado usted el problema de la dependencia psicológica? Si lo investiga a fondo, hallará que casi todos somos terriblemente solitarios. La mayoría de nosotros tiene mentes muy superficiales y frívolas. Muy pocos sabemos qué significa amar. Así, a causa de esa soledad, de esa insuficiencia, de esa privación vital, estamos apegados a algo, apegados a la familia; dependemos de ella.
Y cuando la esposa o el marido nos vuelven la espalda, cuando se apartan de nosotros, nos sentimos celosos. Los celos no son amor; pero el amor que la sociedad admite en la familia se considera respetable. Eso es otra forma de defensa, otra manera de escapar de nosotros mismos. Por lo tanto, la resistencia en cualquiera de sus formas engendra dependencia. Y una mente que depende jamás puede ser libre.
Ustedes necesitan ser libres, porque verán que una mente libre contiene en sí la esencia de la humildad. Esa mente libre y, por consiguiente, humilde, es la que puede aprender; no así una mente que ofrece resistencia. El aprender es algo extraordinario; aprender, no acumular conocimientos. Acumular conocimientos es una cosa por completo diferente. Lo que llamamos conocimiento es comparativamente fácil, porque es un movimiento de lo conocido a lo conocido. Pero aprender es un movimiento desde lo conocido a lo desconocido. Sólo así aprende uno, ¿verdad?

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

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