Reflexión 28 de Febrero. El pensar engendra esfuerzo

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«¿Cómo puedo permanecer libre de malos pensamientos, de pensamientos nocivos y caprichosos?» ¿Existe el pensador, el «uno» separado del pensamiento, separado de los pensamientos nocivos, caprichosos? Tenga la bondad de observar su propia mente. Afirmamos: «Está el yo que dice: “Éste es un pensamiento caprichoso”, “Esto es malo”, “Debo controlar este pensamiento”, “Debo atenerme a este pensamiento”». Eso es lo que conocemos. El «uno», el «yo», el pensador, el que juzga, el censor, ¿es diferente de todo esto? ¿Es el «yo» diferente del pensamiento, diferente de la envidia, diferente del mal? El «yo» que afirma que es diferente de este mal está perpetuamente tratando de vencerlo, de apartarlo, de llegar a ser esto o aquello. De modo que tiene usted esta lucha, el esfuerzo de apartar sus pensamientos, de no ser caprichoso, etcétera.
En el proceso mismo del pensar hemos creado este problema del esfuerzo. ¿Entiende? Entonces da usted origen a la disciplina, al control del pensamiento: el «yo» controla el pensamiento que no es bueno, el «yo» trata de volverse no envidioso, no violento, trata de ser esto y de ser aquello. De modo que cuando existe el «yo» y la cosa que éste controla, usted ha dado nacimiento al proceso mismo del esfuerzo. Ése es el hecho real de nuestra existencia cotidiana.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

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Reflexión 27 de Febrero: Liberarse de la ocupación mental

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¿Puede la mente estar libre del pasado, libre del pensamiento -no del buen o del mal pensamiento-? ¿Cómo lo descubro? Puedo descubrirlo sólo viendo en qué está ocupada la mente. Si está ocupada en el bien o está ocupada en el mal, entonces sólo se interesa en el pasado, está ocupada con el pasado. No está libre del pasado. En tal caso, lo que importa es descubrir de qué modo se halla ocupada la mente. Si de algún modo se halla ocupada, es siempre con el pasado, porque toda nuestra conciencia es el pasado. El pasado no se encuentra sólo en la superficie, sino en el nivel más elevado, y el énfasis puesto en el inconsciente es también el pasado […].
¿Puede la mente estar libre de la ocupación? Esto significa: ¿Puede la mente permanecer en su totalidad sin estar ocupada, y dejar que la memoria, los pensamientos buenos y malos, pasen sin que opte entre ellos? En el instante en que la mente está ocupada con un pensamiento, bueno o malo, se halla interesada en el pasado […]. Si usted escucha de verdad, no sólo en el nivel verbal sino realmente, a fondo, verá que hay una estabilidad que no pertenece a la mente, que hay libertad respecto del pasado.
No obstante, jamás es posible desechar el pasado. Hay una observación del pasado a medida que transcurre, pero no una ocupación con el pasado. De ese modo, la mente está libre para observar y no optar. Donde hay opción en este movimiento del río de la memoria, hay ocupación, y tan pronto la mente se halla ocupada, está presa en el pasado; y cuando la mente está ocupada con el pasado, es incapaz de ver algo real, verdadero, nuevo, original, incontaminado.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

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Reflexión 24 de Febrero: Justificamos el mal

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Es obvio que la crisis actual en todo el mundo es excepcional, sin precedente. Ha habido crisis de diversos tipos en diferentes períodos a lo largo de la historia: crisis sociales, nacionales, políticas. Las crisis vienen y se van; hay recesiones económicas, depresiones, que llegan, se modifican y continúan en una forma distinta. Estamos familiarizados con ese proceso, lo conocemos. No hay duda de que la crisis actual es diferente, ¿verdad? Es diferente, en primer lugar, porque nos las estamos habiendo no con el dinero ni con cosas tangibles, sino con ideas. La crisis es excepcional porque se encuentra en el campo de la ideación. Estamos peleando por ideas, justificamos el asesinato; en todas partes del mundo estamos justificando el asesinato como un medio hacia un fin justo, lo cual es, de sí, inaudito. Antes, se reconocía que el mal era el mal, que el asesinato era asesinato, pero ahora el asesinato es un medio para obtener un resultado noble. El asesinato, ya sea de una sola persona o de un conjunto de personas, se ve justificado, porque el asesino o el grupo que el asesino representa, justifica ese asesinato como el modo de alcanzar un resultado que será beneficioso para el hombre. Es decir, sacrificamos el presente por el futuro, sin importar cuáles serán los medios empleados, en tanto declaremos que nuestro propósito es el de producir un resultado que beneficiará al hombre. De eso se infiere, por lo tanto, que un medio malo producirá un fin bueno, y justificamos los malos medios apelando a la ideación… Contamos con una magnífica estructura de ideas para justificar el mal, y no caben dudas de que eso carece de precedente. El mal es mal; no puede dar origen al bien. La guerra no es un medio para la paz.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

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Reflexión 21 de febrero: Actuar sin la idea es el camino del amor

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El pensamiento debe estar siempre limitado por el pensador, quien se halla condicionado; se halla condicionado siempre, jamás es libre. Cuando surge el pensamiento, de inmediato sigue la idea. La idea, a fin de poder actuar, está forzada a crear más confusión. Sabiendo todo esto, ¿es posible actuar sin la idea? Sí, ése es el camino del amor. El amor no es una idea, no es una sensación, no es un recuerdo; el amor no es un sentimiento de postergación, un recurso autoprotector.
Sólo podemos conocer el camino del amor cuando comprendemos todo el proceso de la idea. ¿Es posible, entonces, abandonar todos los otros caminos y conocer el camino del amor, que es la única salvación? Ningún otro camino, político o religioso, resolverá el problema. Esto no es una teoría que usted deba considerar y adoptar en su vida; tiene que ser algo real.
… Cuando uno ama, ¿existe la idea? No acepte esto; simplemente mírelo, examínelo, investíguelo a fondo. Hemos probado todos los otros caminos, y en ellos no hay respuesta para nuestra desdicha. Los políticos pueden prometer esa respuesta; las así llamadas organizaciones religiosas pueden prometer la felicidad futura; pero esa felicidad no la tenemos ahora, y el futuro tiene relativamente poca importancia cuando estoy hambriento. Hemos ensayado todos los otros caminos; pero el camino del amor sólo podemos conocerlo si conocemos el camino de la idea y abandonamos la idea, lo cual implica actuar.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

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Reflexión 16 de Febrero: Acción sin idea

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Sólo cuando la mente está libre de la idea puede haber una experiencia directa. Las ideas no son la verdad; y la verdad es algo que debe ser experimentado directamente, de instante en instante. No se trata de una experiencia que deseamos, la cual sería entonces mera sensación. Sólo cuando uno puede ir más allá del haz de las ideas -que es el «yo», que es la mente, que tiene una continuidad parcial o completa-, sólo cuando uno puede trascender todo eso y el pensamiento está absolutamente silencioso, hay un estado en que se experimenta de manera directa. En ese estado sabrá uno qué es la verdad.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

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Reflexión 13 de Febrero: Enfrentarse a la vida de un modo nuevo

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Según me parece, una de las cosas que la mayoría de nosotros acepta ansiosamente y da por sentada es la cuestión de las creencias. No estoy atacando las creencias. Lo que tratamos de hacer es averiguar por qué las aceptamos. Y si pudiéramos entender los motivos, las causas de la aceptación, quizá seríamos capaces no sólo de comprenderlas, sino también de liberarnos de ellas. Uno puede ver cómo las creencias políticas, religiosas, nacionales, y otros tipos diversos de creencias, separan de hecho a los seres humanos, generan conflicto, contusión y antagonismo, lo cual es obvio; sin embargo, no estamos dispuestos a abandonarlas. Está la creencia hindú, la creencia budista, la cristiana. innumerables creencias sectarias y nacionales, diversas ideologías políticas, todas rivalizando entre sí, tratando cada una de convertir a las otras. Es evidente, todos podemos verlo, que la creencia separa a las personas y crea intolerancia. ¿Es posible vivir sin creencias? Eso podemos descubrirlo sólo si somos capaces de estudiarnos a nosotros mismos en relación con una creencia. ¿Es, entonces, posible vivir en este mundo y no tener creencia alguna? No cambiar de creencias, no sustituir una creencia por otra, sino estar enteramente libres de todas las creencias, a fin de que nos enfrentemos a la vida de un modo nuevo a cada instante. Esto, después de todo, es la verdad: ser capaces de afrontarlo todo de una manera nueva, afrontarlo de instante en instante sin la reacción condicionadora del pasado, de modo tal que no exista el efecto acumulativo que actúa como una barrera entre uno mismo y lo que es.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

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Reflexión 11 de Febrero: Más allá de la creencia

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Nos damos cuenta de que la vida es desagradable, dolorosa, triste; deseamos alguna clase de teoría, alguna clase de especulación o satisfacción, alguna clase de doctrina que explique todo esto, y así quedamos atrapados en explicaciones, palabras, teorías, y gradualmente las creencias echan raíces muy profundas y se vuelven inconmovibles, porque detrás de esas creencias, de esos dogmas, está el miedo constante a lo desconocido. Pero jamás miramos ese miedo; le volvemos la espalda. Cuanto más fuertes son las creencias, más fuertes los dogmas. Y cuando examinamos estas creencias: la cristiana, la hindú, la budista, etcétera, encontramos que dividen a la gente. Cada dogma, cada creencia tiene una serie de rituales, de compulsiones que atan y separan a los seres humanos. De modo que empezamos una indagación para averiguar qué es lo verdadero, cuál es el significado de esta desdicha, de esta lucha, de este dolor; y pronto quedamos atrapados en creencias, rituales, teorías.
La creencia es corrupción, porque detrás de la creencia y la moralidad se esconde la mente, el «yo» -el «yo» que se vuelve cada vez más grande, poderoso y fuerte-. Consideramos que la creencia en Dios, la creencia en algo, es religión. Pensamos que creer es ser religioso. ¿Comprende? Si no creemos, se nos considerará ateos, seremos condenados por la sociedad. Una sociedad condenará a los que creen en Dios, y otra sociedad condenará a los que no creen. Ambas son la misma cosa. Así pues, la religión se vuelve una cuestión de creencia; y la creencia actúa y ejerce su influencia sobre la mente. De ese modo la mente jamás puede ser libre. Pero sólo en libertad podemos descubrir qué es lo verdadero, qué es Dios; no podemos hacerlo mediante ninguna creencia, porque nuestra creencia misma proyecta lo que pensamos que debe ser Dios, lo que pensamos que debe ser la verdad.

(Jiddu Krishnamurti del Libro de la Vida).

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